Se abrió la puerta, Sandra y dos jovencitas mas cruzaron la acera.
Con sus faldas de cuadros y blusa blanca parecían un trío
de gaiteros. Así lo requería la academia de secretariado;
la falda de cuadros y la blusa bien fajada dentro de la falda. Cuando
las veo a todas reunidas se me pierden unas de otra y a la única
que reconozco es a Karla, la maestra.
Recorrimos visualmente el corto trayecto de las tres jovencitas. Sentados
en una banca de madera y hierros del parque.
- hace rato que te estoy esperando – dijo karla a Sandra.
- Es que ese maestro se tardo mucho con su clase.
Ok. esta bien. Vamos de una vez le dijo a Sandra, y nos despedimos de
las otras dos jóvenes; y partió junto con mi novia y yo.
Era vísperas de la semana mayor. Mi novia y yo habíamos
hecho una reservación por tres dias y dos noches en uno de los
hoteles de la riviera maya. Un paraíso que siempre habíamos
visitado solos. Pero que en esta ocasión ella insistió
en que Sandra, su mejor amiga nos acompañara en el viaje. Era
una buena idea, y pareció mejor pensar que entre tres tendríamos
mas de que hablar durante el viaje. Dejamos a Sandra en su casa para
que tomara sus maletas y partimos. Fueron tres horas de viaje que pasaron
inadvertidas, con la música y los mas recientes chismes de noviazgos,
pleitos y otras cosas mas de suceden en todas las escuelas vimos finalizar
nuestro destino.
Sandra parecía maravillada con el intenso calor; para ella era
una oportunidad de agarrar un bronceado parejo y de poder lucir un diminuto
bañador, que le vino enseñando a mi novia todo el camino
y que afirmo haberlo comprado en una de las tiendas mas prestigiadas
de la ciudad, para poder estrenarlo en nuestro viaje. Se veía
alegra, igual que nosotros. Sonreímos al escucharla decir –
Ahora si, karla.
Me voy a quitar lo blanco de mis senos.
Sí dijo, nunca me he podido broncear bien ya que las veces que
he ido ha la playa voy con mi familia o no estoy en confianza. Le comentamos
que era común en esas playas que las gringas y sobre todo las
europeas se paseaban con los senos descubiertos – TopLess -. Y
ella contesto que ya lo sabia. Y que tenia muchas ganas de hacer lo
mismo. Sabes contesto Karla. – Hemos visitado una playa excelente
para eso que tu quieres.
En efecto, la ultima vez que estuvimos ahí, a Karla se le metió
la idea de estar en un lugar donde poder broncear todo su cuerpo. Y
localizamos esa pequeña bahía con unos cuantos bañistas.
- Te acuerdas. me pregunto karla. Si ya se donde es vamos les dije y
después de pasar por un expendio por mas cervezas nos dirigimos
hacia aquella playa. Estacioné la camioneta lo mas cerca del
mar que pude y nos bajamos. El sol era intenso y no se podía
andar sin los lentes. La brisa soplaba, y a pesar del sol se sentían
ligeras ráfagas heladas que golpeaban contra nuestros cuerpos.
Karla y Sandra extendían las toallas sobre la arena y yo tomaba
varios sorbos de mi cerveza, cuando una mujer de raza negra se acerco
y me pidió un poco del hielo que teníamos en la nevera,
yo voltea a ver hacia karla como para preguntarle con un gesto de donde
había salido esta mujer, pero Karla continuo instalándose
y no me presto la menor importancia. Voltea a ver hacia el otro lado
y ya caí en la cuenta de que era una bañista mas que estaba
recostada a pocos metros de donde había estacionado la camioneta.
Venia a acompañada de otra mujer que parecía mexicana
y que me saludo tímidamente cuando la mire. Les di el trozo de
hielo y diciendo gracias en ingles se retiro de nuevo con su compañera.
Sandra se acerco a la camioneta por otra cerveza y me pregunto.
- Que quería esa tipa?.
Nada. Nada mas me pidió un poco de hielo, y ya se lo di.
- Así es como quiero quedar. Dijo karla. Refiriéndose
al intenso color negro de aquella mujer. Y con la cerveza en la mano
y en la otra el coppertone regreso hacia donde estaba karla.
Por un momento me quede solo parado a un lado de la camioneta, para
terminar con calma y mi Cervera y aprovechar ver a la negrita untarse
el hielo que le di sobre la frente. La mujer que la acompañaba
se lleno las manos de bronceador. Y lo aplico directo en su espalda.
Luego en los hombros y por ultimo en la parte del cuello. La negrita
era muy delgada y los pechos los tenia grandes y firmes. Y los pezones
eran grandes en diámetro y no estaban erizados a pesar de la
brisa. En cambio, Sandra, que apenas se acababa de quitar la playera
y el brassiere del traje, ya tenia los pezones contraídos por
la brisa.
Karla se acerco al carro, buscando un lugar para quitarse el short y
ponerse el bikini. Y me dijo que me pusiera enfrente de ella por un
momento, solo para taparla; pero note que nuestras vecinas aunque de
manera discreta intentaban mirar lo que hacíamos.
- Sabes. Esas dos se me hace que son medias les. Me dijo karla. Puede
ser. Conteste. La negrita se me acerco y me pido hielo. Y mira la otra
no le deja de ver las tatas a Sandra.
Ambas empezaron hacer cosas muy provocativas para llamar la atención.
Siguieron untándose mas aceite por el cuerpo pero esta vez en
sentido inverso. La morena fue la que se hinco tras su amiga, y empezó
por tallarle la espalda, luego los hombros y por ultimo el cuello. Luego
la recostó y paso las manos por sus pechos. Tenia el busto menos
atractivo que la morena y sus pezones estaban maltratados, como si hubiera
amamantado en varias ocasiones. En cambio las tetas de karla eran pequeñas
pero muy atractivos. Son tan firmes que a veces no se pone sostén;
pero es algo que no le gusta mucho hacer - a pesar de la comodidad que
le brinda-, ya que en el salón de clase, tiene un par de alumnos
hombres que siempre se sientan en la primera fila procurando ver mas
allá. No solo a ella sino a cualquier jovencita que por descuido
deja al descubierto su intimidad. Hasta Sandra ya fue victima de sus
descuidos, en una ocasión, olvido una toalla intima dentro de
su mochila, que apareció mas tarde sobre la silla de Karla batida
de tinta roja.
Sandra es joven y su vida sexual no es activa. Aunque ese día
logro un bronceado fenomenal aun no tiene una pareja a quien le pueda
desenmascarar todos sus encantos. Solo unos pocos bañistas pudieron
apreciar –y eso si, sin mucha emoción - lo bien que se
veía su cuerpo de otro color, mas oscuro que el original, y sus
pezones atenuados por la ligera brisa de mar.
|