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Al entrar al chiringuito vi que no había mucha gente, era temprano
y todavía hacía mucho calor. Me senté en la barra
y pedí una cerveza. Comencé a observar a las parejas que
estaban sentadas y vi a dos mujeres discutir muy acaloradamente. De
repente una de las dos se levantó dando un golpe en la mesa y
se fue. La otra quedó sentada con la copa en la mano y mirando
por la ventana hacia el mar, la luna se reflejaba y la noche estaba
preciosa.
La que quedó sentada le hizo una seña al camarero de que
le pusiera otra copa. Este es amigo mío, le pregunté si
la conocía y me dijo que no. Le pedí que me dejara llevarle
la copa y me hizo cargo del posible enfado.
Cuando el Cuty con Coca Cola estuvo servido lo cogí y me dirigí
a su mesa, ella se sorprendió de no ver al camarero y me miró
un poco seria. Le hice una broma que le gustó y me senté
enfrente suyo. Le pregunté su nombre, Andrea me contestó.
Comenzamos una charla muy agradable. De repente nos encontramos muertos
de la risa y hablando cómo si nos conociéramos de mucho
tiempo.
Pusieron cuarteto argentino, ella no lo había escuchado nunca
y le pareció divertido, le propuse bailar y aceptó. Cuando
se puso de pie me quedé muy gratamente sorprendido. Medía
un metro setenta, entre 25 a 30 años, tostada por el sol, cabello
rubio con rulos recogido a modo de cola de caballo, llevaba un vestido
suelto corto con un discreto escote que dejaba ver parte de sus pequeños
pechos. Su culo es un poema, repingadito, firme, admito que el tanga
se le insinuaba y lo hacía más provocativo. Sus ojos son
entre marrones y verdes, de los que hablan con la mirada, muy bonitos.
Comenzamos a bailar y al poner mi mano en su cintura la presioné
sobre mi pelvis, ella me miró fijo a los ojos, un poco seria,
pero no se quitó. Lo cual me puso a mil. Debo reconocer que bailaba
de maravilla. Bailamos toda la noche y llenamos varias veces las copas,
ella con sus Cuty y yo con mis Habana con Coca Cola.
A las 5 quitaron la música y encendieron las luces, le propuse
seguir en otro chiringo de Torroles, pero me dijo que era tarde, que
al día siguiente viajaba y que no quería trasnochar. Pero
aceptó a que la llevara a su piso, pues vino con su amiga y esta
se fue dejándola sin coche.
Al llegar a su bloque le pedí de tomar la última copa
en un bar que estaba abierto y ella me contestó que sería
mejor en su piso, que ese bar no era de su agrado. Acepté encantado.
Subimos y al llegar al salón me indicó donde estaban las
copas y la nevera, que preparara 2 de lo mismo, ella quería ponerse
ropa más cómoda.
Serví las copas, encendí la música y me senté
en un mullido sillón a esperar a ver que me deparaba el destino.
A los pocos minutos apareció con un pijama corto de pantaloncito
y camiseta que le quedaba pintado, el pelo mojado la hacía más
atractiva. Se sentó a mi lado y comenzamos a beber en silencio.
En la radio comenzó a sonar un tema lento de mis favoritos y
le propuse bailar, aceptó. La verdad es que baila muy bien, y
entre las copas y su cercanía, me empalmé como un crío,
no lo disimulé y ella no se quitó. Comencé a besar
suavemente su cuello, que olía muy bien y ella recostó
su cabeza sobre mi hombro. La canción se terminó y nos
quedamos de pie mirándonos, acerqué mi boca a la suya
y le di un suave beso en sus carnosos labios, la respuesta fue uno de
los mejores besos que me han dado en mi vida.
Bajé mi mano para acariciar su bonito culo, la metí entre
su pantaloncito y el tanga. El tacto de aquella piel era un placer,
tersa y suave. Seguía besándola y presionándola
sobre mi pelvis, la verdad es que estaba a punto de estallar. De repente
me aparta y me dice que no quiere seguir, que lleva 6 meses sin hacer
el amor, desde que se peleó de su novio, y que no lo quiere hacer
con un desconocido, menos la primera noche.
Acepté a disgusto, nos sentamos enfrentados en el mullido sillón.
Puso sus pies descalzos sobre mis rodillas y me mostró un lindo
tatuaje de una serpiente, que le llegaba desde la parte superior del
tobillo hasta cerca de la rodilla. Le dije que en mi tierra cuando uno
besa el tatuaje de una mujer le trae buena suerte, "hazlo"
fue su respuesta. Comencé a dar pequeños besos al tatuaje
desde el tobillo hacia la rodilla, al levantar la vista la vi con los
ojos cerrados, no me detuve en la rodilla y seguí hacia arriba,
ella entreabrió un poco las piernas, lo cual me permitió
llegar hasta cerca de su chochito, aparté con los dedos la parte
inferior de su pantaloncito para dejar al aire su sexo. Comencé
a besarlo suavemente, su perfume era embriagador, estaba todo depilado
salvo en la parte superior del monte de Venus que tenía un pequeño
triángulo. Mientras la besaba levanté la vista y ella
me estaba mirando. "Sabes a lo que te arriesgas", me preguntó.
"No", le contesté, "a que te echen el polvo de
tu vida, 6 meses sin follar es mucho tiempo", me dijo. "Venga,
inténtalo", contesté.
Se incorporó y poniendo sus manos sobre mis hombros me tumbó
en el sillón, sin quitar la mirada de mis ojos me quitó
el cinturón, lentamente me bajó la cremallera y de un
tirón bajó mis pantalones y calzoncillo hasta las rodillas.
Mi pene terriblemente erecto quedó al aire, tenía un empalme
de película. Sin dejar de mirarme empezó a besarme los
huevos, "esta tía sabe lo que hace", fue lo primero
que se me vino a la mente. Me quité el pantalón y abrí
las piernas para que siguiera con lo suyo. Comenzó a besarme
el pene desde abajo hacia arriba, cubriendo con sus gruesos labios todo
lo que podía, con una mano me acariciaba los huevos y con la
otra me tocaba el culo. Cuando se metió la cabeza en la boca
y comenzó a succionarla suavemente, yo creía ver las estrellas.
Me estaba dando mucho placer. Contenía las ganas de correrme
para prolongar el placer, cuando llegué al límite le dije:
"deja que ahora me tocaba a mí".
Me arrodille enfrente suyo y con los dientes fui sacando, primero el
pantaloncillo y luego el tanga. Cuando aquel chochito quedó al
aire me acerqué lentamente a él lamiendo en círculos
de afuera hacia adentro, sus jugos eran deliciosos. Metí toda
mi lengua en él y con las manos le acariciaba el culo, jugaba
con su clítoris a discreción y cuando levantaba la vista,
veía a Andrea gozar.
Cuando estuvo por correrse me dijo que me detuviera. Me tumbó
en el suelo y se colocó sobre mí, comenzando un 69 de
antología. Llegamos a corrernos los 2 a la vez. Por más
que la corrida fue muy fuerte seguía muy excitado y por suerte
ella también. Estábamos empapados de sudor, terminamos
de desnudar nos y servimos 2 copas. El verla totalmente desnuda me gustó
mucho, tenía un cuerpo proporcionado, muy lindas piernas, buen
culo y tetitas pequeñas, pero con unos pezones rosados terminados
en punta. Bebimos unos minutos en silencio, escuchando la música.
Le propuse volver a bailar un tema lento y aceptó. El hecho de
bailar con ella totalmente desnudos, en la tiniebla de su piso me hizo
empalmar otra vez. Puse mi pene entre medio de sus piernas y comenzamos
a bailar muy pegados, con un hábil movimiento hizo que entrara
en su chochito. La levanté por el culo y ella entrelazó
sus piernas con las mías, esto hizo que yo entrara lo que más
podía en ella. Seguimos bailando de esta forma hasta que las
rodillas me empezaron a fallar, me senté en el sillón,
ella arrodillada sobre mí. Comenzó a moverse de arriba
abajo, yo con las manos en su culo y con la boca comiéndole los
pezones, que estaban muy erectos. "Correte tu que yo aguanto"
le dije, aumentó la frecuencia de sus movimientos y tuvo un orgasmo
muy fuerte. Quedamos los dos abrazados sudando, con los corazones a
mil y yo con una erección fenomenal.
Le pedí que me dejara hacérselo por el culo, dudó
un momento, me dijo que no era su pose favorita. Le dije: "me has
dado mucho placer, deja que te haga algo de lo que me gusta y se que
no te vas a arrepentir".
Nos pusimos de pie, hice que se apoyara con los brazos sobre la mesa
y que levantara lo que más podía el culo. Me arrodille
por detrás y comencé a pasar mi lengua por su ano. Primero
de arriba abajo y luego en círculos hasta poder meter la punta
de la lengua en él. Cuando estuvo muy lubricado me puse de pie
y cogiendo mi polla empecé a hacer movimientos circulares hasta
que entró la cabeza, dio un gritito de dolor pero se hizo para
atrás violentamente para que entrará hasta los huevos.
Nos quedamos quietos hasta que empecé a sentir que su ano cubría
todo mi pene con una calor hermoso. Me senté en una silla con
ella sobre mí. No se movía, le hice abrir un poco las
piernas para poder acariciar su chochito, con dos dedos cogí
su clítoris comenzando una suave caricia y con la otra mano acariciaba
sus pezones. Empezó a excitarse, con mi polla en su culo y mis
manos acariciándola. Cogió con una de sus manos la mía
que estaba en su chochito y comenzó a masturbarse hasta tener
un gran orgasmo.
Yo estaba que explotaba, la tumbé sobre el sillón con
el culo para arriba, me acosté sobre ella y se lo metí
lo que más pude por el culo, con las manos le cogí el
chochito y comencé un bombeo a mil, el orgasmo que tuve fue uno
de los más fuertes que recuerdo, dejé en ese cuerpo hasta
la última gota de mi semen.
Quedé sobre ella sudando y con el corazón que se me salía
por la boca. Nos quedamos dormidos. Nos despertó el sol que entraba
por la ventana del salón, miró la hora y me dijo que tenía
que darse prisa por que perdía el avión. Nos duchamos
y la dejé en el aeropuerto de Málaga, quedamos en vernos
a su vuelta.
A las 3 semanas pasé por su piso, no había nadie. Pregunté
a una vecina y me dijo que hacia días que se había mudado
a Madrid, pero no tenía referencias de donde.
Andrea cumplió su promesa, me echó un buen polvo.
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