AMIGAS SON LAS AMIGAS
Las dos son contadoras y, a su vez, profesoras en el mismo colegio. Se hicieron
muy amigas ya que tienen muchas cosas en común. Coinciden prácticamente en todo,
tanto laboralmente como en sus vidas privadas. Tienen gustos similares para
vestirse y concurren a la misma boutique (aunque cuidan al máximo el detalle
de no elegir la misma prenda). Tratan de ir a los mismos lugares de vacaciones,
tienen hijos adolescentes de casi las mismas edades y problemas y son las que
prevalecen sobre las otras amigas al momento de elegir las películas u obras
de teatro que van a ver.
Son tan compinches que despiertan la envidia de sus compañeras de escuela, que
no puedan concebir que nunca tengan un desencuentro y sean tan amigas.
Un día, accidentalmente, esa amistad se convirtió en algo más, lo que cambiaría
sus vidas. Mary le regaló a su amiga Nora una bonita blusa cuando ésta fue a
su casa para coordinar una tarea. Inmediatamente se la quiso probar y, como
iba abotonada atrás, requirió la ayuda de su amiga. Cuando sintió las manos
suaves de ella sobre su piel mientras ésta colocaba los botones en cada ojal
un escalofrío le recorrió la espalda.
No se explica cómo, se despertó en ese momento una atracción sexual muy especial
hacia su querida amiga. Deseó inesperadamente que las manos de ella le recorrieran
todo su cuerpo. Algo que no le había ocurrido nunca con ninguna mujer y menos
con Mary no obstante la amistad tal especial que las unía. Giró, la miró dulcemente
a los ojos y casi sin pensarlo posó sus labios en los de su amiga, quién se
sorprendió pero aceptó el beso que le daba Nora en la boca. Casi sin quererlo
se empezaron a tocar y comenzaron a quitarse lenta sus blusas y corpiños. Al
observar los pechos de Nora, que ya tenía los pezones erectos Mary se los acarició
y besó.
Sin decirse palabra alguna caminaron abrazadas hacia el cuarto de dormir de
la dueña de casa para estar más tranquilas y fuera del alcance de miradas indiscretas,
se desnudaron totalmente y ya sobre la cama se acariciaron por todo el cuerpo
terminando cada una con su cabeza hundida en la entrepierna de la otra en un
69 interminable.
Cuando nadie lo hacía prever y fuera del horario normal de llegada, apareció
el marido de Mary, quien se sorprendió en un primer momento al ver a su mujer
acariciándose con otra pero, lejos de pensar en retirarse se sumó a la fiesta
sin perturbarse. Las saludó con un beso en la boca a cada una y, ante la sugerencia
de su esposa de que se uniera a ellas se sacó rápidamente su ropa dejando
al descubierto un buen físico trabajado en el gimnasio y un enorme miembro al
que Nora no podía sacarle los ojos de encima. Por más que estaba teniendo esta
experiencia con su mejor amiga no habían dejado de gustarle los hombres.
Percatado de la situación el Raúl acercó su miembro erguido a la boca de Nora,
quien miró a su amiga como dudando y ante un gesto afirmativo de ésta se lo
puso a chupar golosamente. Mientras ello ocurría Mary se dedicaba a acariciarle
los testículos y lo masturbaba aceleradamente como si quisiera que acabara dentro
de la boca de su amiga.
Tal fue el movimiento y los lenguetazos y chupadas que recibía la verga que
el hombre no se pudo contener y derramó su leche dentro de la boca de Nora,
quien sin amilanarse primero la sacó cuando fue sorprendida por el chorro y
luego se la volvió a meter para succionarla hasta que saliera la última gotita
de esperma.
Las mujeres continuaron luego besándose y acariciándose mientras el hombre se
recuperaba en silencio. Al rato nomás Mary comenzó a chupársela y la pija a
agrandársele rápidamente. Era todo un semental. Luego lo recostó sobre el sofá
y se lo montó cabalgando frenéticamente mientras Nora los besaba y acariciaba.
A esta altura a Mary no le importaba compartir al marido, es más, la excitaba,
así que dejó la posición en que se encontraba para que esa fenomenal verga se
introdujera en la vagina de su amiga. Entonces Raúl, ni lerdo ni perezoso, optó
por metérsela un rato a cada una y cuando se dio cuenta que estaba por acabar
la dejó dentro de su mujer.
Después se ducharon, tomaron un par de copas y quedaron en encontrarse otro
día.
Cuando ello ocurrió jugaron las dos mujeres primero y luego se acopló el varón.
Lo hicieron muchas veces hasta que un día pensaron que sería interesante incorporar
un segundo hombre al juego. Nora les confesó que ella siempre había tenido la
fantasía de ser penetrada por dos hombres al mismo tiempo por lo que le parecía
excelente la propuesta. A su amiga le entusiasmó la idea, ya que pensó que conocería
y jugaría con otro hombre además de su marido, al que ya le sabía todas las
mañas.
Lo que sucedió después lo sabrán en otra oportunidad.