| -¡Flop!, ¡Flop! Los disparos apenas
resonaron, amortiguados por el silenciador de la pistola. Del otro lado de
la habitación, la figura ágil y hermosa de
una mujer se deslizó tras un sillón buscando resguardo al
tiempo que se llevaba la mano al hombro
izquierdo que empezó a manar sangre.
* * * * * * * * * * *
Esa tarde Kate
se despidió de su esposo Willie, su hijo Brian y su amigo intergaláctico, que se
dirigían a casa de la madre del primero, que
se encontraba enferma. Iban a pasar allá por lo
menos una semana considerando lo lejos que se
encontraba si se viajaba en automóvil, según le
había dicho Willie. De todas formas, se
encontraban en pleno verano norteamericano y las
vacaciones apenas habían comenzado.
Como Lynn, su
hija había salido, después de terminar las tareas de la tarde, se dio un baño y
se puso encima únicamente un diminuto slip y
un blusón blanco que apenas cubría sus muslos. No
esperaba visitas, así que podía sentirse
cómoda y segura aún vestida en esa forma.
Se dirigió a
la cocina y se preparó un emparedado. Regresó a la sala con la intención de ver
algo en la televisión cuando los vio...
Delante de
ella se encontraban tres hombres. Uno era blanco y barbado, el segundo
carilimpio y el tercero un negro totalmente
rapado. Todos altos y fornidos, con mal aspecto y
llevaban puesto un uniforme gris en los
cuales tenían un gafete con números bordados. El negro le
apuntaba con una pistola enorme. Verlos,
darse cuenta que eran maleantes y lanzarse detrás del
sillón le tomó solamente fracciones de
segundo. El platillo con el emparedado salió volando hacia
un rincón y el negro hizo los dos disparos.
* * *
-¡Idiota!
-dijo el sin barba mientras abofeteaba al negro- ¡la necesitamos viva!
Y
dirigiéndose a Kate:
-Sra. Tanner,
salga, no le haremos daño...
Kate salió
temblorosa de detrás del sillón, las manos en alto. Los bandidos no pudieron evitar
fijarse en sus lindas piernas, descubiertas
al levantarse el blusón cuando alzó los brazos.
-¿Qué...
qué quieren? ¿Quiénes son Uds.?
-No pregunte
Sra. Tanner. No le dañaremos si Ud. colabora con nosotros. Brett -dijo al
barbudo- examínale la herida.
El hombre
obedeció.
-Es sólo un
rasguño George, ya no sangra.
-Me alegro por
Ud. Sra. Tanner.
-¿Cómo sabe
mi nombre?
-Está en el
buzón... ¡Ya no pregunte tanto!. Nos quedaremos aquí esta noche y mañana
partiremos temprano. Pórtese bien con
nosotros y no le haremos nada, ¿de acuerdo?
-¿Qué
quieren aquí? -dijo- Si desean dinero, en el cajón de mi habitación hay bastante, pero
por favor, váyanse pronto.
-El dinero es
algo importante de lo que carecemos en estos momentos, pero primero haga
algo de cenar, nos morimos de hambre.
-¿Quiere
cenar?, ¡Pues haga la cena Ud. mismo! -le contestó retadora-, yo no soy su sirvienta.
-No nos
provoque Sra. Tanner...
-¿Y qué
quiere que haga? Viene aquí y entran sin permiso y encima de todo me disparan.
-Eso fue un
lamentable error, pero ya le dije que disculpara a este negro imbécil... Por favor,
háganos algo de comer.
-¡Ya le dije
que no!
George perdió
la paciencia y tomó a Kate por el brazo herido produciéndole mucho dolor le
surcó la cara de una bofetada y la llevó a
empujones a la cocina.
-Lo hará por
las buenas o por las malas. Decida.
A Kate no le
quedó duda que aquellos tipos eran de cuidado así que prefirió hacerles caso y
preparó cena.
Media hora
después, amenazada con la pistola, se encontraba sentada frente a los tres
hombres que devoraban la comida que había
preparado. Sólo los observaba sin probar alimento.
-¿Ud. no va a
comer, Sra. Tanner?
-No, gracias.
No tengo hambre.
-Vamos,
-pidió George- coma algo.
Kate se
encolerizó y le gritó.
-¡Ya le dije
que no tengo hambre, deje de fastidiarme!
-¡No mienta
que no tiene hambre!, Llevaba un emparedado al entrar nosotros.
-¡Deje de
fastidiarme, cerdo asqueroso! -vociferó Kate.
Aquello colmó
la paciencia de George, que por cierto era muy escasa.
-Comerá con
nosotros aunque no quiera. ¡Brett sostenla bien, Tom -al negro- mantenle
abierta la boca...
Inmovilizada
Kate tuvo que masticar y tragar todo lo que George le acercaba a la boca
con la cuchara, pero fue demasiado. Poco
después vomitó sobre la mesa de fórmica casi todo lo
que había comido... Lloraba.
-¡Con mil
demonios! -profirió George
De pronto
llamaron a la puerta. Kate se acongojó.
-¿Espera
visita? -inquirió George.
-No.
-respondió la mujer limpiándose la boca.
-Entonces,
¿quién es?
-Debe ser mi
hija, Lynn.
-¿Que no se
encontraba solamente Ud. en la casa?
-No, sólo mi
esposo y mi hijo salieron. Lynn andaba de paseo con unas amigas desde la
mañana.
El timbre
volvió a sonar.
-¡Diablos,
ahora tendremos que lidiar con dos rehenes¡
Kate tembló
cuando el hombretón dijo aquello.
-Abra la
puerta -ordenó George.
Con poca prisa
y gran inquietud, Kate se dirigió a abrir la puerta. Lynn entró muy contenta,
tanto que no se dio cuenta de la expresión
sombría de su madre y ni siquiera intuyó en un primer
momento que algo malo estaba pasando.
-Hola, mamá.
Fíjate que fuimos al nuevo centro comercial que está del otro lado de la
ciudad. Es muy grande y... -se fijó en el
hombro de Kate- ¡estás sangrando!, ¿Qué te pasó? -dijo
examinando la herida.
-No, ya no
sangra, hija. Me herí con la saliente del estante...
-No, mamá,
dijo examinando la herida- ¡esto parece una herida de bala!
-Así es
señorita- dijo George saliendo de detrás de la puerta- No se mueva. Nosotros estamos
de paso. Si no cometen ninguna tontería no
habrá problemas y nos iremos en paz por la mañana.
En pocos
segundos la adolescente era sujeta por el negro Tom y su madre por el de la
barba. Lynn observó en breves momentos a los
tres hombres. No podía hacer nada contra el que
la inmovilizaba, pero sí contra el que
detenía a Kate. Pasados los primeros segundos del estupor
actuó. En una maniobra increíble el empeine
de su pie derecho se estrelló contra los testículos del
hombre que sujetaba a su madre. El hombre se
retorció por el dolor y soltó a Kate.
-¡Corre,
mamá, busca ayuda!
Salida de su
asombro, Kate echó a correr, pero George no tardó en alcanzarla. Con una
sorprendente tacleada, Kate fue a dar con
pleno rostro al suelo. El hombretón la levantó y
estampó su puño en plena cara de la rubia
que se desplomó sobre el piso. La alzó nuevamente y
propinó dos golpes más en pleno abdomen.
Kate perdió la respiración por unos segundos y cayó
nuevamente al suelo. George la sujetó con
violencia por los brazos y la llevó de regreso a la sala.
Bramó George:
-¡Les
advertí que fueran amables sólo por esta noche y que no se les iba a hacer daño...!
Ahora pagarán las consecuencias...
En la mente
del criminal pasaban escenas abrumadoramente espantosas de venganza. Se
puede decir que no encontraba la forma de
desquitarse por la gran variedad y número de
maneras que ideaba.
De repente se
levantó del sillón en que estaba y dijo a los otros:
-¡Llévenlas
a la cocina!
Kate y Lynn
fueron arrastradas hacia la cocina y puestas delante de la mesa de fórmica en
la cual aún se encontraban los restos de la
comida que Kate había vomitado.
-Haremos tres
pruebas -dijo George- Uds. competirán entre sí y la que pierda en cada una
recibirá un castigo, y al final, la que
pierda dos de las tres... bueno ya pensaré qué haremos con
ellas...
-¿Qué que
está diciendo? Está loco. No haremos nada de lo que dice -gritó Lynn más
decidida que su madre- No serviremos para su
diversión pervertida.
-Más le vale
que lo haga señorita Tanner; nosotros íbamos a portarnos bien con ustedes,
pero así lo han querido... ¡Nadie juega con
nosotros!...
Repuso luego
de un momento:
-La primera
prueba consiste en que coman de eso -señaló la mesa-, y la que coma menos
será la perdedora.
-¡Cerdo,
asqueroso! No lo haremos -gritó Lynn desafiante.
-¿No? -dijo
socarronamente George- Pues su madre no está de acuerdo con ello...
Lynn se
volvió a ver la mesa y sus ojos se abrieron con profunda sorpresa. Kate tomaba
aquella inmundicia y se la estaba comiendo.
Al parecer el hecho de recibir un castigo
nuevamente no le pareció algo bueno,
especialmente después de haber recibido la paliza que le
propinó George. Kate siempre había
demostrado ser una mujer de carácter débil y manejable.
-Mamá,
¡reacciona, por favor! -Trató de separar a Kate de la mesa.
George
impaciente la empujó por la espalda y Lynn cayó de antebrazos sobre la
nauseabunda mezcla. Comprendió que aquellos
tipos no bromeaban y mientras se le ocurría algo
para liberarse de ellos, debería obedecer.
Así que tomó un pedazo de algo y con mucho asco se lo
llevó a la boca y tragó sin masticar.
-Ya ve que no
es muy difícil -dijo George- pero apresúrese, que su madre le lleva mucha
ventaja.
Lynn no dijo
nada, sólo volvió a verlo con mucho odio. Kate, tal vez a sabiendas que aquella
porquería provenía de su estómago comía
con más prisa, hasta con apetito se podría decir.
Cinco minutos
después, Kate lamía la mesa y Lynn sollozaba por lo que veía.
-Ud. perdió,
señorita -dijo George- Tom, átala a la mesa.
El negro alzó
en vilo a la adolescente con mucha facilidad y la tumbó boca abajo sobre la
mesa, amarrando las manos a las patas de un
extremo y sus pies a las del otro extremo.
-Su castigo
por haber perdido -continuó George- serán cinco azotes... ¡y se los dará su propia
madre!
-¿Qué? ¿que
yo...? -repuso Kate- ¡¡Está loco, no lo haré!!
-Brett, ya
sabes qué hacer...
Brett, por
detrás tomó a Kate por el talle y puso un azote en la palma de la mano derecha
de la mujer y obligó a cerrarla, y haciendo
el movimiento impulsó la mano de Kate de modo que el
azote se estrelló con mucha fuerza cinco
veces en la espalda de Lynn. Ambas mujeres sollozaban,
Lynn por el dolor y Kate por lo que la
habían obligado a sostener el instrumento que había mordido
la espalda de su hija.
Los malvados
las ataron y amordazaron y las dejaron descansar unos minutos dentro de una
de las habitaciones de la casa.
Al rato llegó
Brett y las condujo al baño.
-Bien -dijo
George- la siguiente prueba será sencilla. La que logre zambullir la cabeza de la
otra en el retrete gana, la que pierda
tendrá un castigo que no le gustará ni a la ganadora. ¡Tom,
trae las agujas!
El negro
salió y regresó rápidamente con agujas del tamaño de acupuntura.
-Me niego
-gritó Lynn- No puede seguir con esto, ya tuvimos suficiente castigo por lo que
intentamos huir...
-¿De veras?
-dijo con ironía George- preguntémosle a Brett...
-No has
comenzado a pagar todavía el golpe que me diste, perra -dijo el aludido.
-¿Lo vio?
Así que compitan o las dos recibirán por igual el castigo.
Kate se
estremeció nuevamente. Lynn siguió protestando.
-¡Maldito!,
ni mi madre ni yo... No terminó la frase pues Kate se lanzó sobre ella y tomándola
por la cabeza la doblegó hasta casi
sumergirla en el retrete, lo que hubiera logrado si Lynn no
hubiese puesto a tiempo las manos en la
orilla del mismo.
-¡No, mamá!
¡No lo hagas!, ¿No ves que si seguimos obedeciendo les incitamos para seguir
esta porquería?
Kate sólo
logró decir:
-Perdóname,
hija.
Y asestó un
puñetazo en ambos bíceps de Lynn. Los brazos se le debilitaron por la
contracción producida por el golpe y su
rostro fue a parar de lleno en el agua sucia del sanitario.
Kate lloraba, pero aún sujetaba con fuerza
la cabeza de su hija, inmersa en el retrete. Tom y Brett
tuvieron que intervenir para evitar que la
adolescente se ahogara. Lynn salió tosiendo y
escupiendo agua en cantidad.
George la
sujetó con violencia por los cabellos produciéndole un dolor lancinante en el
cuero cabelludo, y dijo:
-Ve lo que
gana por discutir. Su madre la sorprendió y volvió a perder. Otra vez si pierde se
llevará el castigo adicional y ése será
peor a todos los que les esperan. Tom -gritó al negro- castiga
a esta zorrita.
Lynn fue atada
a la ducha del baño y amordazada nuevamente. El negro rasgó la blusa y
el brassier de la chica y tomó las agujas y
fue introduciendo una por una en los pechos de Lynn
que estiraba todo el cuerpo al máximo por el
horrendo dolor, incapaz de gritar para desahogarse
por el trapo que cubría su boca.
En pocos
minutos, sus lindos pechos estaban atravesados diametralmente por diez agujas
cada uno. Hilillos de sangre salían de
algunas de las microscópicas perforaciones ocasionadas por
las agujas. La dejaron algunos minutos así.
El mismo George se acercó a sacarle las agujas y a
desatarla para llevarla al cuarto donde se
encontraba Kate, sumida en un rincón y sollozando. Al
ver a su hija se lanzó hacia ella y se
abrazaron llorando con amargura.
-Perdóname,
perdóname -dijo Kate. Lynn no dijo nada, sólo sollozaba.
Al rato fueron
llevadas a la sala por Brett.
-Lo siguiente
-dijo Brett- será más sencillo. La que logre desnudar a la otra primero gana, la
que pierda recibirá una descarga nada
agradable...
-SI quieren
vernos desnudas -dijo Lynn- no es necesario que nos enfrenten. Sólo nos lo
hubieran pedido y evitaríamos esta
confrontación.
-No sería
divertido señorita, y le advierto que si se desnudan por sí solas o no lo hacen, las dos
recibirán el castigo...
-Ya le dije
que no...
-Piénselo, si
pierde otra vez, la pasará muy mal. ¿Sabe que Tom purga una condena por
canibalismo? ¿Ya se imagina qué le pasará
a la que pierda?... ¡será el desayuno de este negro por
la mañana! -y se tiró una carcajada
tétrica.
Aquellas
palabras estremecieron hasta los filamentos más profundos de ambas mujeres. Y
sin pensarlo Kate tomó de nuevo la
iniciativa y tomando los hombros de la blusa semidestruida de
Lynn, la hizo jirones. Luego se aferró al
broche del jeans de su hija en un vano esfuerzo de liberarlo.
Lynn se resistía.
-No lo hagas
mamá -suplicó.
Kate se dio
cuenta que si quería quitarle el pantalón a Lynn debía derribarla y dejarla
inconsciente para que no ofreciera
resistencia. Así atravesó el rostro de su hija en tres ocasiones
con su puño derecho, suficientes para que
cayera al suelo, perdiendo de momento el
conocimiento. Kate pudo entonces con relativa
facilidad quitarle el pantalón justo en el
momento en que Lynn se recuperaba. Al verse
casi sin ropas y perdiendo la batalla, no dudó en
seguir el juego. Ya había perdido dos veces
y la próxima significaría con seguridad su muerte. Así
que cómo pudo lanzó una patada que para su
fortuna se estrelló exactamente en pleno rostro
de su madre. Kate se desequilibró y aturdida
como estaba no pudo impedir que Lynn le arrancara
el blusón con un poco de esfuerzo. Ahora
ambas estaban semidesnudas: la chica solamente con
jirones de su brassier y su tanga negra, y su
madre con el diminuto slim de seda. Sus cuerpos
esbeltos se enlazaron en una lucha
desesperada por arrancar a la otra la pequeñísima prenda
que restaba y lo hicieron exactamente al
mismo tiempo. Después de ello, cayeron exhaustas al
suelo, resoplando con mucha rapidez.
-¿Y ahora, a
quien le damos el gane? -dijo Tom.
-¡Negro
imbécil! -vociferó George- ¿No ves que la chica aún tiene pedazos de ropa encima
-se refería a los trozos del brassier- y la
otra nada? La madre ha perdido...
-Está bien,
no te enfades, por mil demonios... Venga, señora. Que ésta no se la esperaba...
-No, no
-suplicaba Kate.
Quizás Lynn
sintió más compasión por su madre que la que había sentido esta última por
ella. Y comenzó a vociferar:
-¡No,
malditos...! ¡Suéltenla, desgraciados!
Con una sonora
bofetada, Brett le calló la boca y Lynn comenzó a llorar.
-Déjala,
Brett. Tengo una idea mejor. Será ella quien ejecute el castigo de su madre.
De inmediato a
ambas le amarraron dos cables en las piernas en cuyo extremo opuesto
fijaron el polo tierra de las instalaciones
eléctricas, otros dos cables les fueros sujetos a un brazo de
cada una. A Lynn le dieron un interruptor y
Tom se quedó con otro.
-Ahora -dijo
George dirigiéndose a Lynn- debe presionar diez veces el interruptor. Su madre
recibirá una descarga eléctrica dolorosa,
pero no la matará. Ese será el castigo por haber perdido.
-No, por
favor, no -suplicó Lynn- No me obligue.
-¿Acaso su
madre tuvo piedad de Ud. cuando le ganó ventajosamente las dos primeras
veces? ¡Hágalo! -ordenó con autoridad.
Lynn apretó
los ojos y presionó una vez el interruptor. Kate se sacudió estrepitosamente por
unos segundos al recibir la descarga. Lynn
lloraba y dijo:
-¡No, no voy
a seguir!
De repente una
descarga las sacudió a ambas cuando el negro presionó el interruptor que
tenía en sus manos.
-Si se niega,
señorita, no sólo su madre va a recibir la descarga, sino también Ud.
Atolondrada
como estaba y por la violencia de la descarga, activó el interruptor tantas
veces como le dijeron, tratando de hacerse la
sorda ante los lamentos de Kate.
Poco a poco
habían ido cayendo sin poder evitarlo, en el juego de los malhechores. En lo
sucesivo cada una tendría que jugar con su
instinto de conservación y éste, poco a poco las fue
convirtiendo en un par de animales
irracionales.
Cumplida la
sentencia, las dejaron descansar por más tiempo, mientras ideaban la siguiente
competencia. Como a las doce de la noche
llegó a sacarlas el propio George. Las encontró en
una esquina de la habitación, aún desnudas,
ni siquiera habían buscado algo con qué cubrir sus
hermosos cuerpos. Estaban abrazadas y miraban
al vacío sin ver. No fue necesario llevarlas por la
fuerza, con un sólo ademán comprendieron
que la siguiente competencia comenzaría en ese
momento. Esta vez fueron llevadas a la
cocina. Allí esperaban Tom y Brett. La mesa y todos los
muebles habían sido apartados hacia la
orilla y en el centro del cuarto había una mezcla
irreconocible de leche, huevos, aceite, miel,
salsa de tomate aderezo de ensaladas y otras cosas.
Las mujeres no se imaginaron de qué se
trataba aquello, pero imaginaron que al igual que la
primera vez, tenían que comer lo más que
pudieran. La prueba pues no sería difícil, pero...
-La siguiente
competencia -dijo George- consiste en una lucha cuerpo a cuerpo. Las reglas
son simples: ganará la que logre arrastrar a
la otra por el cabello, por lo menos una vuelta entera
por la cocina...
George no
terminado la frase, ambas se arrojaron contra la otra. Kate tenía el cabello corto
y aquello suponía una ventaja sobre su hija,
así que en pocos segundos la adolescente era
arrastrada por su madre. La rabia que le
produjo el dolor hizo que Lynn tratara de zafarse de las
manos de su madre que con facilidad la asía
de los abundantes cabellos. Como pudo, la chica se
puso en pie y logró derribar a su madre
cayendo ambas sobre el piso y empapando de la mezcla
sus cuerpos casi por completo. Sus cuerpos
ágiles se retorcían como dos serpientes una sobre otra
con una fricción tan deliciosa que empezaba
a excitar a los malhechores.
En alguna de
las revueltas, Lynn quedó en pie y tomó a su madre por los escasos cabellos
rubios y la arrastró con poca consideración
por el piso. Poco faltaba para completar la vuelta
completa como habían dicho aquellos hombres
cuando, para su mala fortuna, resbaló debido a
la mezcla que cubría el piso y cayó
golpeándose la cabeza contra la pared y perdiendo el sentido.
Un dolor ardiente en su cuero cabelludo le
hizo volver en sí. Su madre la arrastraba de nuevo por
la cocina halándola por el cabello que
estaba empapado y pegajoso. Lynn sentía que todo el
cabello iba a desprendérsele con mucho dolor
y todos sus intentos por incorporarse fueron en
vano. Kate logró darle la vuelta completa.
El castigo
esta vez fue:
-Como perdió
Srita. Tanner, deberíamos darle el "castigo mayor", pero verá que le daremos
otra oportunidad -Lynn estaba absorta, ni
siquiera levantaba la mirada- Si gana la última
competencia la reconsideraremos.
Un palo grueso
y bifurcado fue puesto en las manos de la chica.
-Si logra
meter el extremo doble, uno dentro de la vagina y el otro dentro de su ano de su
madre, lo consideraremos un empate en la
competencia y no la trataremos tan rudamente.
-¿Y a mí no
me van a dar uno? -preguntó Kate.
-No, señora
Tanner. Ud. sólo va a evitar que no se lo meta. Si en cinco minutos ella no lo ha
logrado, Ud. ganará.
-Eso no es
justo.
-Lo siento.
Lynn no lo
pensó dos veces. Con el palo en la mano se acercó amenazadoramente a su
madre que retrocedía espantada.
-Abre las
piernas -ordenó Lynn.
-No, hija
no.
-¡Que abras
las piernas te digo¡ -Con un golpe brutal en pleno rostro, Kate fue a dar al suelo.
Se incorporó y con un directo a la cara de
Lynn hizo que ésta se desplomara igualmente y que el
palo rodara hacia una esquina.
Lynn se
levantó.
-¡Perra
ramera! -gritó a su madre con mucha cólera. Kate enfurecida por el calificativo que
su hija le acababa de decir empezó a
golpearla salvajemente. La rubia alcanzó el palo y estaba
dispuesta a que los papeles se invirtieran y
zambullirle ella el palo a Lynn. La adolescente tenía
todas las de perder cuando recordó la herida
de bala que su madre tenía en el hombro y hacia
allí dirigió su ataque. Clavó las uñas en
la grieta y posteriormente sus dientes mordieron la
hendidura, manando abundante sangre que
empapó sus mejillas y su boca. Kate se deshacía del
dolor y comenzó a perder fuerza. No soportó
mucho la conmoción del dolor y se desmayó cuando
su hija le asestó con el garrote una lluvia
de golpes en su cara y un terrible golpe en la mandíbula.
Lynn abrió las blancas piernas de su madre y
sin ninguna consideración introdujo los extremos del
palo, uno en la vagina y el otro en el culo
de Kate. Esta, semiconsciente, lo único que hizo fue
acomodar las caderas a la forma del garrote
para que el que penetrara con menos dolor.
Cuando lo hubo hundido completamente, Lynn
soltó el falo rígido dejándolo dentro de su madre y
cayó de rodillas llorando junto al cuerpo
exánime de su madre.
Casi de
inmediato fue atada a un pilar de la sala para recibir el mayor castigo. Kate, ya
recuperada, esperaba sentada en el suelo al
lado de su hija. Del otro lado de la habitación los tres
hombres planeaban cual sería el castigo que
impondrían a Lynn.
En cierto
momento llamaron a Kate que se acercó a ellos como autómata, y le dijeron algo
en voz baja. Luego se acercó a su hija y le
dijo:
-Tu castigo es
mucho menor del que esperabas, hija. Ellos solamente piden que nos besemos
en la boca durante un rato...
-Mamá -dijo
Lynn casi murmurando- No somos lesbianas, además somos madre e hija, nos
respetamos.
-Pero si no lo
hacemos, te castigarán con más severidad, créelo.
Lynn lo pensó
rápido. Quizás después de aquello los maleantes las dejarían en paz, así que
aceptó.
-Está bien,
pero que sea rápido.
Los labios de
Kate asieron los de su hija, pero esta no abrió la boca.
-Abre la boca,
tienes que ser muy realista.
Lynn lo hizo y
la lengua de su madre invadió su boca relamiendo todo su interior. Una
sensación desconocida sacudió los cimientos
más íntimos de Lynn. Su madre, su propia madre le
estaba haciendo sentir lo que únicamente
había sentido con chicos: deseo. Así, también su
lengua entró en la húmeda pelea, lamiendo
la lengua de su madre y enroscándose entre ellas. De
repente, los dientes de Kate se cerraron
sobre el órgano muscular de Lynn, apretando hasta casi
sangrar, produciéndole mucho dolor. La
adolescente trataba de liberar su lengua, pero en vano.
Kate no soltó la prenda hasta que Brett y
George forcejearon para que lo hiciera.
Lynn lloraba
de nuevo ante semejante acto que consideró traicionero y sorpresivo. Sin
embargo no pudo abstenerse de pensar en lo
que su madre acababa de hacerle sentir.
Pero no
terminó todo ahí. Fueron llevadas a la cama de la habitación de Kate y Willie.
Acostaron a Lynn en ella y echaron sobre ella
a su madre. Kate ya sabía lo que tenía que hacer.
Ya se lo había explicado los maleantes. Lynn
era sujetada de las manos por el Negro y de las
piernas por el jefe y el otro. Kate se
abalanzó sobre su hija besando la en la boca y buscando de
nuevo su lengua. Por mucho que se resistió
la adolescente, no pudo zafarse de las fuertes manos
que la sujetaban las extremidades, su madre
le estaba llevando al clímax con sus besos y caricias
atrevidas.
Poco tiempo
fue suficiente para que Kate encendiera nuevamente a Lynn, de tal manera
que al soltarla los hombres, la adolescente
se aferró con vigor, con ganas al delicioso cuerpo de su
madre en unos vaivenes de caderas
desenfrenados. Sus bocas recorría cama pulgada del cuerpo
de la otra buscando hasta e placer más
escondido. En pocos segundos sus labios se unieron a los
labios vaginales de la otra en un exquisito
sesenta y nueve, que duró largo tiempo hasta que los
malhechores las separaron para que siguieran
su afán de otra manera. A estas alturas todo el
dolor que habían sufrido parecía haber
desaparecido ante el surgimiento de un placer sin límite
que jamás siquiera hubiesen imaginado que
podían proporcionarse madre e hija.
Súbitamente,
el placer se aceleró al máximo y los dedos de sus manos se incrustaron
simultáneamente en las cavidades vaginales
de la otra, empapándose en secreciones
abundantes las que hacían que las falanges
se deslizaran suave y deliciosamente hasta el fondo
de sus humanidades.
El orgasmo
llegó de una forma explosiva, sorprendente, maravillosa. Kate, más débil que su
hija se quedó extenuada, totalmente agotada
bajo Lynn. Ésta tenía aún fuerzas para
incorporarse en la cama y ver de reojo a los
maleantes.
-Muy bien,
señorita Tanner. Es usted muy obediente.-Dijo el jefe- ¿Qué tal le supo su madre?,
¿muy buena?
Lynn no dijo
nada. Aún se encontraba encendida por el acto que acababa de sostener
con Kate y no se encontraba satisfecha.
Deseaba sentir otros placeres más extremos, otros que ni
siquiera loca hubiese pensado...
Con toda
tranquilidad tomó el rifle que George había dejado cerca de la orilla de la cama.
Los hombres se sorprendieron en el acto y
sacaron, los tres al mismo tiempo, sus revólveres
apuntando a la cabeza de Lynn.
Ella los
tranquilizó diciendo al mismo tiempo que abría sus piernas y mostraba su sexo, rojo y
húmedo:
-Vamos,
tranquilos amores, sólo quiero que me hagan feliz con esto -y al mismo tiempo
colocó el cañón en la abertura de su
vagina invitando a los malosos a desgarrarle las entrañas
con aquel instrumento.
Los
delincuentes guardaron sus armas y George, más encendido que los demás se acercó a
Lynn con el objetivo de realizar aquella
barbaridad.
Pero esta vez
ni la sorpresa les ayudó a evitar lo que pasó. De un movimiento rápido, preciso
e inesperado, Lynn le dio vuelta al arma
quedando el gatillo justo en su dedo índice. Fueron tres
detonaciones solamente. Tres para que los
hombre sucumbieran presas de su propia lujuria.
Sendos proyectiles fueron a parar a sus
cuerpos quemando al impacto, zonas vitales. Lynn jamás
había usado un arma, pero ni siquiera el
estrés del momento la detuvo. Actuó bajo el mecanismo
de lucha o huida... y había salido
victoriosa. George cayó con el cráneo reventado sobre la cama,
el negro con una herida en pleno corazón que
no tardó en despacharlo al infierno y Brett rodó
hacia atrás al ser impactado en el ojo
derecho.
Después de
eso solo quedó el silencio, Kate ni siquiera se levantó al escuchar los disparos.
Lynn se quedó así, asiendo el rifle y
viendo sin ver los cuerpos tendidos en a habitación. La policía
no tardó en llegar a la escena, atraída por
los disparos. Ya con los cuerpos cubiertos por frazadas,
Lynn contestaba como autómata las preguntas
que le hacían los agentes mientras los forenses
retiraban los cadáveres.
-¿Sabe,
señorita Tanner, que estos tres tipos eran los que se fugaron ayer de la
penitenciaría?
- Si,-
contestó lacónicamente Lynn.
-Y que
después de irse de aquí probablemente las hubieran asesinado a usted y a su madre.
Lynn no dijo
nada. Sólo volteó a ver al policía con un dejo de horror. Sólo por un instante y
luego observó los cuerpos que eran retirados
hasta perderse por el pasillo. Luego vio a su madre,
acurrucada sobre la cama, le dio un poco de
lástima.
-Es probable. Ahora le rogaría que nos
dejaran a mi madre y a mi a solas. Necesitamos descansar... |