CON EL HIJO DE MARIANO - Parte 2ª

Pero la primera me rugía porque estaba algo deshidratada. Me tomo los pechos bajó hasta mí
entre piernas acercándome a él. Pude sentir, como estaba de espalda, como crecía su verga
nuevamente, despacio.
  Ahora te dejo, (me dijo), en un ratito, esperá.............
   
  Quise resistirme para ver que hacía, pero no pude. Así de parados, de espalda hacia él me llevo
nuevamente a la cama. 
   
  Llevaba la relación a su antojo. Hacía mucho tiempo que no me dominaban. Hacia mucho que
no hacia el amor así. Hacía mucho que no me hacían el amor. Y mucho más con chicos de mi
edad.
   
  Me llevo al borde de la cama, me dejo transversalmente en la cama, mis piernas tocaban el
suelo. Se arrodilló en el suelo, separándome las piernas con las manos comenzó su boca a pasear
en mis rodillas, subiendo a los muslos bañaban su saliva mi muslo, llegó al borde de mi cajeta, sin
tocarla, comenzó a chuparme el alrededor.
   
  Me sentía nuevamente excitada, entregada al hijo de Mariano. Me encontraba relajado con un
hombre que no  me cogía, iba mas allá de coger. Quería que sintiera placer. Así es como lo percibí
  Estaba empapada de sudor, como cuando acabamos los dos a la vez. Estaba completamente
excitada. Abrigaba placer, gozaba con su lengua, sus manos pasaban en muslos, caderas,
cintura. Su boca jugaba alrededor de mi vagina. No me era suficiente. Pocas veces pedí en ese
instante que me monte. Seguramente no me escuchó. Cuando me di cuanta mis manos tocaban
las suyas. Me llevé una a mi boca. La otra la subí desde mi cintura a la base de mis pechos,
apreté mi busto, para juguetear con mis pezones, alterne las manos. Luego las dos estaba
tocándome, sola. Bajé una. Me metí el mayor, índice y anular en mi concha. Me encontraba
masturbándome, delante de él. Mejor dicho al lado de él. Se apreciaba su respiración en mis
manos.
  Me sacó la mano. Comenzó cogerme con su boca. El sexo oral es excitante. Gracias a Gabriel
nuevamente lo confirmaba.
  Comenzó alrededor del clítoris. Lamía, chupaba succionaba. Me arqueaba, gozaba, gemía como
buena mujer. Solo por aquel placer que se me estaba dando. Sentía mi corazón como se
aceleraba. La lengua de Gabriel subió a mi rajita, ombligo, abdomen, pechos, boca, abriendo las
piernas a sentir el calor de su glande en mi, allí abajo. Entro y salió el glande. Miré para ver que
pretendía hacer. Entra, se lo dije con gemidos, no podía parar de hacerlo. Sus piernas junto a mi
cuerpo, se sentó. Me llevo el pene a mi cara, golpeando suave mi rostro. Metiéndose en mi boca
que no negaba ese órgano, lo acepto. Salió mojada de saliva. Iba retirándose hacia abajo dejando
mi lengua, los labios disfrutaron hasta que salió. Veía como se alejaba cruzando a través de mi
cuello, garganta, de mis pechos, mi raja pedía con su lubricación su presencia. 
   
  Ese vil pene hizo rogar a mi orificio meón.
   
  Sentía calor externo entre mis pechos que experimentaban presión a cada lado de cada pecho.
Sus manos me apretaban con firmeza. Las caderas de ese niño hombre cogía, follaban mis tetas.
Estaba tan transpirada que mis pechos parecían una vagina de lo lubricada que se encontraban. El
rosado glande, conseguía ver desde mi perspectiva, como entraba y salía de mis pechos. Estaba,
sé podría decir, sacada de mí. Encima de mi no me lograba tocarme la raja para llegar al orgasmo,
eso me enloquecía.
   
  Dejándome los pechos, poniéndose encima de mí, recostándose, decía cosas obscenas en mi
oído como “deseo  hacerte gritar puta”, “me gustaría escucharte”. En el momento no adiviné muy
bien lo que pretendía decir, pues ya había logrado lanzar unos grititos de placer. No di importancia
al comentario.
   
  Tocando mis pechos jugábamos con nuestra lengua. Sentía el calor de su pija cerca de mi
cuevita (cueva, cuevón). No me podía mover porque se encontraba encima. Lentamente introduce
su verga en mi concha que pedía con jugos su presencia. No terminaba mas de entrar todo ese
miembro. Se introdujo lo mas lento posible, y se quedo allí dentro de mí sin moverse. Cosa que no
espere a que comenzara a moverse para comenzar a hacerlo yo sola. Agitaba lo poco que podía mi
cadera. Si Gabriel se moviera unos escasos minutos podría llegar a ese orgasmo que se asomaba
desde hacía tiempo. No se movía, no me dejaba hablar, su lengua invadía mi boca, a su vez una
mano en mi nuca, la otra tocaba con fuerza los pechos y jugaba en los pezones. Las manos
impotentes sin poder tocarme abajo, abrazaban su cuello, lo mismo a su cintura mis piernas los
envolvían.
  En la misma posición tocaban la espalda sus manos, entre mis pechos se encontraba su
lengua, bajaba, y seguía. Llegando a mi vagina.
  Transversal a la cama nos encontrábamos, satisfaciéndonos mutuamente. Nuevamente estaba
tomándome la concha con su boca, y las manos en la cintura y cadera.
   
  Bajó a la zona inferior de mi vagina, que bañaron su rostro con mi jugo, con mí lubricado sexo,
preparado para alojar el de Gabriel. Normal, erecto, bien duro lo apreciaba cuando rozaba mi
cuerpo.
   
  Entre mi ano y mi vagina comenzó a pasear la lengua, por fin pude nuevamente tocarme mi
sexo. Abrí las piernas para que siguiera él, seguirían mis manos allá abajo dándome placer para
estallar. Gabriel pasaba sus manos por mis muslos frenéticamente. e las rodillas hasta mi entre
piernas, que se hallaban transpirada, yo me hallaba toda transpirada, inconsciente para pensar,
pero conciente para sentir placer, para sentir y no olvidar nunca ese momento. Tomándome de una
pierna pusiéndome de costado él, con la pierna arriba, y la otra abajo tocando el suelo, lamía el
muslo, bajando, pasando la lengua entre mi sexo y el ano. Bajó la pierna, quedando boca abajo,
volvió abrirme, mis piernas a su merced, y mis manos no podían volver allá abajo, se conformaban
con tocar el busto, y de vez en cuando me relamía mis propios dedos. Gabriel continuaba atrás de
mi vagina, sin tocármela, sin poder tocarme yo, pero si mi ano era mamado. Abrió loa glúteos.
Parando la cola para que le sea mas cómo, y más placentero, y gozarlo ambos. Apreciaba su
saliva esparcida, escurría la misma por mi extremidad.
  Dándole a saber que sentía dolor al querer entrar por mi conducto excretor, estrecho de hacía
suficiente tiempo. ¡Duele dije repetidas veces!. Bajando la retaguardia, mi culo, para que no me
penetrara, porque cuando se estrechaba dolía horrores cuando me lo dilataban, por no poseer una
rápida dilatación natural. Acosta boca abajo, me di vuelta, no me di cuanta pero Gabriel me puso
de nuevo boca abajo.
  Volví a la cama para adoptar la posición de boca arriba, con mi cabeza en la almohada,
alejándole la idea de hacerme el ano, subió. Sentándose, halándome hacia él abrió mis piernas,
arqueándome de placer en el colchón. Se movía, me movía, nos movíamos, observando como el
pendejo entraba y emergía de mí allá abajo. Donde hace mucho no lo tocaba un hombre joven.
Cada vez más rápido se movía, estallada de placer. Sin sacarla levanto una pierna mía. Quedando
una pierna en la cama, la otra por encima de su hombro, y el torso también de costado al colchón.
Todo sin sacarla izo poner me rodillas, estaba no en cuatro, porque mi torso, esta tirada en la
cama. Mis rodillas apoyadas en las sábanas elevaban mi trasero. Abierta como yegua  entraba en
mi. Se percibía desde el tacto como me abría atrás con sus manos para ver como me hilvanaba.
  Dentro de mi se inclina, me dice, “todavía no llego puta”, “seguí” pedí. ”Ya acabo”, “no pares”.
“No oigo puta”. Volví a repetir, y contestó lo mismo. No le di importancia. Lo deje como cosa de
alcoba. Porque a mí los hombres me gustan que me traten como una dama. Como una señorita,
pero en la cama como una puta, como la mas baja de todas.
  Sacando la pija de mi concha, me tire de nuevo para darme vuelta. Tomándome desde debajo de
la cintura volvió alzarme, quedate así puta, como buena que soy lo hice. Sin soltarme la cintura que
llegaba hasta mi ombligo. Puso la pija entre los cachetes de la cola y empezó a follarme así.
Tomando su verga desde debajo de mi la coloque en la vagina. Se movía, y con su mano en la
altura de mi ombligo acompañaba el moviendo. Como llevando el compás en una orquesta, con su
meno guiaba.
  Agorándome de la cadera empezó a moverse mas fuerte. Grita turra ordenó, no me hice de
rogar. No así no proliferó. Volví a no darle importancia. Pues ya había gemido mucho. Supuse que
a eso se refería.
  En poco mis trompas explotarían. 
  Abrió mis entrepiernas como para entrar por donde me cogió antes. Solo me rozo la raja, y
apuntó el glande a mi chupado ano que transpiro mas en ese instante que cuando lo chupó. Le dije
que por ahí no. Si, si, por ahí si. Respondiendo a la pregunta, conteste que no era virgen del culo,
pero que hacia tiempo que no dilataba de allí, que me iba a doler (también lo cuidaba para mis
clientes, porque me pagaban mucho mas si sabían y se daban cuenta si  no era penetrado desde
hacia tiempo, porque se acercaba el fin de semana, y seguramente saldría trabajo).
  Por ahí no Gabriel. Muy firme, mirándolo a los ojos.
  Déjamelo apoyar y pasa abajo, ¿Sí?
  Ta bien, conteste como ingenua una vez mas, como tantas (yo sí soy una tara no aprendo más,
lo que piden permiso, a veces son lo peores, y mucho mas estos traicioneros, no es que no me
guste, pero siempre me duele horrores) 
  Cada pulgar a lado del ano, de ese orificio que me había dado mucho placer y dinero, cuidado,
estaba a su merced, abrió bien. Lo puso, apoyo su verga en el culo. Empujo un poco. Le decía que
dolía. Al final termino convenciéndome de que no me lo iba a ser de una. Sino despacio, que
tendría paciencia con mi tiempo. Accedí. Como negarme, si me encanta el sexo anal también.
Pero no se compara al vaginal. Cuando el glande entro, a duras penas, por el dolor, tuvo que
agarrarme para que saliera, porque me tiraba para adelante. Acercándose a mi oído, diciéndole
cositas, tomándome de los hombros, me decía lo que faltaba para tener toda su pija en mi ano. “ya
paso lo pero Maria, entro la mitad.” Para cerciorarme tuve que tocas. Y era así. Nuevamente
acercándose a mi oído me dijo “¿sabes que hora es?”. Respondí que no sé, que debe ser como las
dos. Que siga.
   
  No me dijo.
  Se movía lentamente en mi ano para dilatarme de apoco, para llegar al máximo, y así usar
nuevamente mi cola como una vagina. Con solo pensar que faltaba la mitad de su miembro para
que entre en mi me impacientaba. 
  Es hora de mi deseo. ¿Cuál pregunté? Sí ya me visitaste toda.
  Ah hay, pegue un grito que no lo pude frenar.
   
  (Una Anécdota mía para ustedes: unos cuando bajaba ese día luego de hacer cogido al hijo de
Mariano, un grupo de viejas me preguntó si estaba bien, porque parecía que habían gritado del
depto.) sigamos...
   
  esta vez no me preguntó nada, si estaba bien, nada. Eso es grita puta. ¡Pará!, ¡Despacio!,
Desgraciado le dije, que duele mucho. No me dijo. Ahora sos toda mía trola. Cuando me lo hacia
despacio la sacaba toda, y entraba de u