COMO UNA DIOSA
| Era una tarde lluviosa, cuando decidimos
vernos por primera vez, María acababa de terminar sus clases de
tenis y me pidió que pasara a recogerla al club, allí estaba
ella con su ajustada ropa deportiva. Esta ropa marcaba sus deliciosos pechos,
algo que me hizo recordar esos momentos cibernéticos que habíamos
vividos y donde ella me describía como le gustaba que se los mamara
y chupara, era algo que le gustaba muchísimo.
Ella subió a mi coche y me indico la dirección para llegar a su casa. Cuando llegamos ella me invito a pasar y me dijo que se iba a dar un baño, ya que venia sudorosa y deseaba darse un baño con agua tibia. Yo quede en la sala donde tenia la TV, mientras ella subía a su habitación para tomar su baño. Mientras estaba esperándola abajo empecé a imaginarla desnuda en su baño, pasándose su esponja por su cuerpo, esparciendo el jabón, tanto imaginar me llevo a un punto de excitación increíble, mi pene estaba creciendo bajo mi pantalón solo de imaginarla así. Intente desconectar mi imaginación y concentrarme en lo que estaban dando en la televisión, pero cuando estaba viendo un programa que ni recuerdo, escuche su voz. Ella me pedía que subiera a su habitación. Cuando llegue a su dormitorio allí estaba ella, era una diosa, su cuerpo solo estaba cubierto por una toalla, su cabello aun mojado, sus labios tan eróticos como siempre y una mirada sensual que me dejo petrificado ante ella. María me pidió que pasara y que le untara una crema hidratante, yo accedí, en esos momentos los nervios y la excitación se unían, el rozar esa piel que tantas veces había deseado me estaba volviendo loco. Ella se tendió sobre su cama y me pidió que le pusiera la crema por sus piernas. Cuando ella estaba tumbada sobre la cama pude ver bajo la toalla su vagina, empecé a esparcir la crema por sus piernas, pero sin apartar mi mirada de ese rincón intimo que aparecía ante mí, lo veía depiladito, la imagen era maravillosa, mi excitación para esos momentos era tremenda, mi pene estaba totalmente erecto debajo de mis pantalones solo con la visión de esa depilada vagina. Mientras esparcía la crema por sus piernas, ella cerraba los ojos, demostrándome que se sentía tan excitada como yo, poco a poco ella flexiono un poco sus piernas, dejando ante mí en todo su esplendor esa vagina que yo no podía dejar de mirar, ella me dijo: Luis sube tus manos un poco mas?. Yo obedecí, sus piernas me ofrecían esa vagina ante mí, empecé a frotar mis manos llenas de crema entre sus muslos, acercando me cada vez mas a ese rincón que deseaba tanto, rozaba mis dedos, lo hacia con suavidad, ella tan excitada como yo, me facilito el camino y abrió sus piernas totalmente, esa acción me demostró que deseaba lo mismo que yo, y no lo dude, empecé a acariciarla suavemente pasando mis dedos por su vagina, que ya por entonces estaba muy mojada. Me incorpore un poco y acerque mi boca a su sexo, deseaba sentir su sabor, su calor, esa humedad tan deliciosa, metí mi lengua dentro de su sexo, mmmmmm, su sabor era exquisito, sentí como se estremecía ante mis lametones, comencé a meter mi lengua a jugar con ella en su clítoris, ella se retorcía de placer, lo estaba disfrutando muchísimo al igual que yo. Sus manos empujaban mi cabeza hacia su vagina, me pedía que la penetrara con mi lengua, ya para entonces los dos estábamos muy excitados, una de mis manos subió por su cuerpo y pude quitar el nudo que sostenía la toalla, sus pechos quedaron ante mí, eran preciosos, grandes, suaves, firmes, sus pezones pequeños, redonditos, una delicia para mi visión, mis manos subieron por su vientre hasta llegar a sus pechos y mientras seguía comiéndole su vagina una de mis manos empezaron a acariciar esos pechos, sintiendo como los pezones estaban muy duros demostrando la excitación que María sentía en esos momentos. Seguí mamandole su vagina hasta que ella empezó a retorcerse de placer empujando mi cabeza con mas fuerza hacia su sexo, ella estaba llegando a un tremendo orgasmo, movía su cuerpo como posesa, rozando su clítoris con mis labios, y exploto en un orgasmo que lleno mi boca y mi garganta de sus jugos, fue tremendo su sabor era delicioso. Ella se incorporo y me pidió que me tumbara en la cama, así lo hice, ella empezó a desabrochar mi pantalón, cuando los bajo pudo ver el tamaño de mi pene, el cual estaba deseando salir de esa prisión que era mi ropa interior, pero ella me hizo sufrir un poco mas, empezó a besar mi pene tras la ropa interior, me daba pequeños mordiscos, me tenia como loco, deseaba sentir mi pene dentro de su boca, sentir ese calor y la humedad de su garganta, poco a poco subió sus manos a mi bóxer, y lo aparto, mi pene quedo ante ella, totalmente empalmado, durísimo. Ella se quedó mirándolo y se acerco y empezó a chupar unas gotas de liquido preseminal que salía por la punta de mi cabeza, lo tomo con la punta de su lengua y lo saboreo como el mayor de los manjares, esa imagen me puso aun más excitado, ella comenzó a darme lametones suavecitos en la cabeza de mi pene, lo hacia con suavidad, pero sin descanso, empezó a meterla en su boca, solo introducía la cabeza, la rodeaba con su lengua, y volvía a sacarla, una de las veces que la saco, dejo caer unas gotas de su saliva sobre mi pene, extendiéndola con sus manos sobre mi pene, se acerco sin apartar su mirada de mis ojos y se la introdujo en su boca hasta lo mas profundo, yo solté un suspiro al sentir ese calor y esa humedad en mi pene, era tremendo sus labios aprisionaban mi pene, ella comenzó un subir y bajar con mi pene dentro de su boca que me estaba volviendo loco, ella sintió que me podía correr, así que paro, me miro a los ojos y me dijo: Aun no quiero que te corras!. Ella se incorporo y se subió sobre mí, pude sentir el calor y la humedad de su sexo sobre mi pecho, mientras lo fue acercando hacia mi pene. Deseaba penetrarla, sentir el calor de su sexo, sentir como esa humedad caía por mis piernas. María se incorporo, apoyándose sobre sus rodillas, sus piernas una a cada lado de mi cuerpo, tomo mi pene con una de sus manos y lo fue introduciendo muy despacio dentro de su vagina, la imagen que tenia ante mí era increíble, sus pechos aparecían ante mi esplendorosos, unos pezones totalmente erectos por la excitación del momento, era algo tremendo, mi pene se fue introduciendo en esa deliciosa y humedad cueva que era su vagina, María cuando la sintió dentro de si, empezó a cabalgar, primero despacio y luego fue aumentando la velocidad, era increíble, sus pechos se mecían ante mi, no pude contenerme y subí mis manos a ellos, los apretaba entre mis manos, mis dedos pellizcaban sus pezones, era tremenda la imagen y las sensaciones que estaba teniendo en ese momento, mis testículos rebotaban contra sus nalgas, en ese subir y bajar de su cuerpo. Subí una de mis manos a su boca y ella empezó a mamarlo como si se tratara de mi pene, lo puso bien húmedo, baje ese dedo a sus pezones para llevar esa humedad a ellos, en esta posición estuvimos largo tiempo, hasta que yo le pedí que parara, le rodee con mis brazos y sacar mi pene y la lleve sobre una pequeña mesa que había en su habitación con un golpe tire al suelo todo lo que había sobre ella, puse su cuerpo sobre la mesa y la tumbe, empecé a penetrarla fuerte, mis manos apretaban sus pechos, ella se retorcía de placer me pedía que no parara en ese violento bombeo que le estaba dando, así estuvimos largo rato, hasta que sentí que ahora era yo el que iba a explotar en un tremendo orgasmo, un orgasmo que quería reservar para su boca, algo que yo sabia que le encantaba, así que cuando sentí que me semen iba a salir de mí le avise, ella se incorporo de la mesa, se inclino ante mí y empezó a masturbarme con su boca, lo hacia con avidez, deseosa de saborear mi semen, y así explote, mi semen caía en su boca, en su cara y las ultimas gotas fueron a parar a sus pechos, la imagen era muy morbosa, ella tomaba esas gotas que no habían caído en su boca, con sus dedos y la llevaba a su ardiente boca, no quería dejar escapar nada. Fue una tarde enorme de sexo, los disfrutamos muchísimo, después de este tremendo orgasmo pasamos a darnos un baño, pero esa es otra historia que ya contare en otro momento. |