| Después de los apuros en la playa....
Como resumen de nuestra jornada informaremos
que habíamos asistido mi mujer y yo al rodaje de una peli porno
casera de unos amigos, yo como cámara y ella como directora, con
la escena fuerte de la primera sodomía de nuestra amiga.
Camino a casa Inés iba poniéndome
de nuevo a tono, me tocaba por debajo del bañador y empezó
a masturbarme. Reconocemos que es peligroso conduciendo, pero por la autovía
y despacito no pierdo mucho la concentración. Ella que en todo el
día no se había quitado el tanguita en la playa se lo quitó
en el coche y como quiera que era aún de día pude ver el
por qué no se lo había quitado. Se lo depiló al cero.
En catorce años que llevamos juntos nunca accedió a depilárselo
al cero y ahora ... Eso hizo que aligerara el paso para llegar cuanto antes
a casa. Vivimos apartado del centro y ya estaba casi anocheciendo por lo
que paré en una gasolinera a limpiar el coche en un tunel de lavado.
Puse el lavado más largo,
con superespuma y yo que se, el caso es que duró cerca de 10 minutos,
por lo que aproveché para hacerle un lavado yo a Inés. Su
olor, su sabor salado del agua del mar y los jugos de su excitación
al ver a nuestro amigo sodomizar a su novia, hizo que casi no me
diera cuenta de que el coche ya estaba fuera del tunel cuando ella se corrió.
Sin ponerse nada debajo llegamos a casa ya de noche, y subió por
las escaleras sólo con una camiseta de playa. Vivimos en un bloque
en el que solo tiene tres plantas con dos vecinos y solo está ocupado
aparte del nuestro, el vecino de abajo. Así que al llegar a la segunda
planta, Inés me devolvió la faena. El vecino de abajo sacó
a pasear a su perro pero nosotros nos escondimos un poco ya que si miraba
para arriba, nos podía ver. La excitación del lugar y las
escenas vividas ese día hizo que me corriera rápidamente,
además Inés es una experta mamadora y sabe como sacarme todo
el jugo.
Al llegar a casa decidimos ducharnos
juntos y en la ducha empezamos a besarnos y nuevamente empalmado, cogí
la alcachofa de la ducha y dirigí el chorro directamente al conejito
pelón de Inés, lo cual le resultaba muy placentero ya que
empezó a masturbarse con un peine de madera que tiene un mango bastante
fálico. Ella nunca ha querido introducirse objetos extraños,
pero la visión de su amiga con el plátano metido dentro hizo
que lo probara. Casi sin secarnos salimos de la ducha y me pidió
que saliéramos a la terraza. Vivimos en el tercero derecha y nadie
en el izquierdo así que podemos tomar el sol en bolas ya que no
hay bloques enfrente ni al lado, por lo que nadie puede vernos.
Ya en la terraza, tumbados en el
suelo, empezamos un 69 con la ayuda del peine fálico. Le pregunté
a Inés si me dejaría sodomizarla (sólo me ha dejado
un par de veces y la puntita nada más) y me dijo que adelante pero
con cuidado. Saliva va saliva viene, que le introduje un dedito. Se tumbó
encima mía y empezó a cabalgarme como si fuera una jineta,
el fresquito de la noche y el ruido de los vecinos por el parque hacía
que nos excitáramos más. Ella no paraba , arriba abajo, arriba
abajo, pero yo aguantaba ya que quería poseerla por detrás.
Al fín paró, había tenido un nuevo orgasmo y cayó
apoyada en mi pecho, exhausta, sin aliento y satisfecha. Yo mientras con
un dedo le lubricaba el culito, lo impregnaba de jugos y lo frotaba en
su agujerito, hasta que en esa postura en la que ella controlaba, puse
mi punta en su boquete y con bastante esfuerzo logré meter unos
dos o tres centímetros. Me pidió que parara, que le molestaba
así que cambiamos de postura, ella a cuatro patas y yo detrás.
Jugueteé un poquito, frotando mi capullo contra su culito y ensalivándolo
bastante para que se lubricara bien. El segundo intento fue mejor, introduje
todo el capullo, pero al ver que mostraba dolor, dejé de empujar.
Inés me pidió que tal y como estaba me corriera dentro de
su culo, que quería sentir mi leche dentro de su recto, así
que empezó a moverse lentamente con cuidado para que no la penetrara
más, acariciándome los testículos, masturbándome
suavemente hasta que solté la descarga dentro de su culo, pude ver
como se derramaba por fuera y se deslizaba hasta su coñito afeitadito.
Me pidió que le lamiera todo, que saboreara mi propio semen, y así
lo hice. Al principio me dio reparo, pero luego he de admitir, que si ella
se lo traga, yo no soy quien para negarme a tragármelo yo, lo lamí
todo , no dejé ni gota y junté mi boca con su boca intercambiando
flujos y sabores. Y eso me excitó de nuevo, otra vez pedía
guerra, ni yo ni Inés nos lo podíamos creer, parecíamos
insaciables, actores pornos. Entramos en casa y la puse a cuatro patas,
peor esta vez por delante. Entró con toda facilidad y empecé
a empujar, lento , más rápido, más fuerte, de derecha
a izquierda dibujando un ocho con mi culo, sacándola entera y restregándola
por sus labios, clítoris, culo y volviéndola a meter, parando
un poco para que la sienta en su interior y por fin una pequeña
descarga de semen en su interior.
Acabamos rendidos y durmiendo como lirones,
pensando en nuestro próximo encuentro morboso y en nuestros amigos
porno actores con los cuales habíamos vuelto a apostar. El resultado
de la apuesta en el próximo relato.
chenchoygadita@hotmail.com |