AMIGAS MUY INTIMAS
| Una tarde quedé con mi amiga Mónica
en una terraza para tomar unas cañas y charlar de los viejos tiempos.
Comentábamos lo que nos había ocurrido últimamente
y hablábamos de los hombres de nuestra vida. En un determinado momento
se interesó por mi relación con Javier, mi actual compañero,
y me preguntó qué como me iba en la cama con él. Le
conté que era el mejor y más cariñoso de los amantes
que había tenido, incluso mejor que un novio que habíamos
compartido sucesivamente en el pasado, y que era una maravilla de hombre.
Aquello le interesó muchísimo. Me extrañó su
insistente petición de más explicaciones y detalles, sobre
todo en lo relativo al sexo anal. Le comenté que lo había
experimentado con él y que era algo maravilloso pues las nuevas
sensaciones que me había hecho descubrir eran completamente diferentes
de todo lo que ya conocía en tema sexual. A Mónica le picó
tanto la curiosidad que me sometió a un auténtico interrogatorio.
Sin darle muchas explicaciones, al final me limité a dar un sorbo
a mi cerveza y contestarle con una pregunta directa.
Oye, Mónica, ¿tú lo has hecho alguna vez por detrás? le dije de sopetón. Contestó negativamente, algo azorada, moviendo muy despacio la cabeza de un lado a otro. Muy bien añadí, ¿te gustaría probarlo esta noche? le pregunté abiertamente y sin andarme con más rodeos. ¿Quieres decir con Javier? preguntó con un gesto de incredulidad ante mi ofrecimiento. ¿Por qué no? respondí como si fuera lo más natural del mundo. Esa noche la invité a cenar a casa y maquiné un plan para propiciar la situación. Aunque sabía que no me haría falta una pistola para obligar a Javier, tampoco podía servir el postre y decir: Cariño, ¿recuerdas que a veces hemos hablado hacer un trío? Pues creo que hoy es la ocasión perfecta porque te he traído a mi amiga Mónica que, además, está ansiosa por estrenarse por el culo No, evidentemente, esa no era la forma. Así que, después de los postres aparecí en el salón cargada de perchas con las prendas de mi guardarropa más rotundamente sexys y le dije a Mónica con un guiño: Bueno, vamos a ver que es lo que te puedo prestar para esa fiesta AUTOR : ¿E-Ma1l? ¿Incluir email en relato?Categoria: Hetero(generales)Hetero (infidelidad)Hetero (primera)Hetero (polvazo)Hetero (Flechazo)Sexo con madurasAutosatisfaccionParodiasOrgiasGrandes seriesGrandes RelatosGaysFetichismoLesbicosVoyerismo y ExhibicionismoFantasias eroticasAmor filialIntercambios (Sexo en la pareja)SadomasoControl mentalDominacionTextos educativosTextos de bromaConfesionesZoofilia-HombreZoofilia-MujerSexo VirtualTransexualesFilial-GayFilial-LesbicoCuentos no EroticosElla me siguió la corriente y empezó a probarse la ropa. Javier estaba en el sofá viendo la tele pero no podía evitar lanzar unas miraditas cada vez más insistentes sobre el cuerpo de mi amiga cada vez que ella se quedaba en ropa interior. Le hice probarse un vestido de licra muy ajustado que, la verdad, le quedaba divinamente de no ser por las antiestéticas marcas del sujetador. Sugerí que volviese a probárselo sin nada debajo y ella argumentó que no podía llevar ese vestido porque sus pechos eran demasiado grandes y se le verían caídos sin sujetador. Javier dio un respingo en el sofá al comprobar que, pese a sus fingidas reticencias iniciales, mi amiga terminaba por quedarse en top?less en medio de nuestro salón. Observé que mi novio ahora la miraba con toda atención y ella, al darse cuenta, no sólo no cubría su cuerpo sino que, además, le obsequiaba con su mejor sonrisa. Y entonces decidí avanzar en mi plan con audacia. Vamos, no seas tonta. Tienes unos pechos preciosos que ya los quisiéramos muchas y yo no veo que estén caídos sino firmes y duros y añadí dirigiéndome a Javier: Mira, ¿tú que opinas? ¿Crees que con estos pechos puede ir sin sujetador? Javier se acercó y se deshizo en elogios para las tetas de mi amiga que aparentaba seguir reticente e insegura, así que me decidí a dar un paso más: Mira Javi, ¿tú crees que estas tetas no están firmes y duras? Ven, toca, toca Tras un instante de indecisión, al ver que Mónica no dijo nada, debió pensar que su silencio era un signo de conformidad y alargó la mano para tocarle levemente un pecho. Ella se mantuvo sonriendo pasivamente mientras volvía a soltar la retahíla de piropos y alabanzas e iba incrementando el tocamiento para terminar con un verdadero manoseo sobre las tetas de mi amiga que ahora exhibían unos pezones erguidos y durísimos. La verdad es que mi novio terminó con un enorme bulto en el pantalón tras un buen rato de dedicarse a sobarle las tetas a mi amiga que, vestida sólo con sus minúsculas braguitas y con los ojos cerrados, se dejaba manosear a placer en mi presencia. Incluso creo que aquello me excitó más a mí que a ellos y, animada por el morbo de ver cumplidas mis previsiones, asumí con decisión el control de la situación. Sin darle tiempo a que pudiera reaccionar, le hice sentarse en el sofá y le bajé la cremallera con la mano izquierda. Un instante después, deposité su polla empalmada en la mano de Mónica que, al sentirla caliente, dura y palpitante, me sonrió con una expresión de deseo y profunda lujuria pintada en su rostro. Se arrodilló en el suelo, hizo un círculo con los labios y se metió la verga en la boca. Luego empezó a mamársela con verdaderas ganas mientras Javier volvía a maniobrar con avidez sobre sus tetas. Ella no dejó de chupársela y tan sólo emitió un breve gemido de aprobación al notar como empezaba a pellizcarle los pezones que se endurecían e iban multiplicando su tamaño por momentos, al igual que mi excitación que iba creciendo con cada imagen de la polla de mi compañero en la dulce boquita de mi amiga. Luego, se la sacó de la boca y se dispuso a lamerla y pasarle la lengua como si devorase el más delicioso de los helados sin dejar de agarrarla con una mano ni de tocarle las pelotas con la otra. Mi novio, con los ojos semicerrados, emitía de cuando en cuando unos leves gemidos por el enorme placer que la lengua de mi amiga le estaba provocando. Yo ya estaba tan caliente que no podía resistir seguir mirando la escena inactiva. Me desnudé deprisa y me senté en un sillón frente a ellos. Me abrí de piernas todo lo que pude hasta colocarlas sobre los brazos del sillón y empecé a tocarme y a masturbarme muy despacio, gimiendo de forma exagerada porque sabía que eso era algo que a Javi le excitaba muchísimo. Al cabo de un rato me sentía muy cachonda y propuse trasladar la fiesta al dormitorio. Enseguida estábamos los tres desnudos sobre la cama y Javi nos besaba alternativamente a Mónica y a mí. Luego, sugirió que nos besáramos nosotras. Miré a Mónica y vi como se encogía de hombros como diciendo: ¿Y por qué no? Apreté mis labios contra la boca de Mónica que la abrió para que su lengua ansiosa recibiera la mía, igualmente hambrienta de caricias. Luego la besé en el cuello y fui recorriendo con los labios todo su cuerpo sensual hasta alcanzar la entrepierna. Javi nos miraba con excitación sentado en la cama. En el instante que mi lengua rozó su clítoris, pude escuchar claramente un agudo gemido de placer de mi amiga. Cuanto más lamía su sexo más se excitaba y gemía Mónica. Aquellos gemidos me estaban poniendo desmedidamente caliente a mí también, y la hice colocarse en posición para un sesenta y nueve. Al cabo de unos pocos minutos de recibir sus lengüetazos en mi conejito, sentí que estaba al borde del orgasmo. Decidí aguantarme y lo retrasé hasta que ella también estalló y experimentamos un orgasmo mutuo y simultáneo que nos hizo tocar a ambas el cielo con las manos. Miré hacia mi novio. Parecía estar ansioso por lanzarse sobre el bonito culo de mi amiga porque tenía la polla enorme, completamente rígida y dura. Alcancé un tubo de crema que tenemos siempre en la mesilla y la extendí con cuidado a lo largo de su palpitante aparato. Mónica nos miraba con curiosidad, sin estar muy segura de lo que estábamos haciendo. Querido, has de ir con mucho cuidado que vas a estrenarlo, le susurré al oído. Hice que Mónica se tumbara sobre el vientre y le puse varias almohadas debajo. Javi se arrodilló entre sus piernas. Yo la iba besando en el cuello y la tranquilizaba mientras él la acariciaba suavemente el ano. Enseguida logró que venciera el miedo inicial y se calmara. Cuando notamos que estaba bien relajada y se había abandonado cerrando los ojos, acercó su aparato lubrificado por la crema al trasero de Mónica. Mientras él iba restregando la punta sobre el agujero, yo la besaba en los labios y jugueteaba con su lengua. Cuando creyó que estaba lista, empezó a penetrarla, embistiendo con mucho cuidado. De un primer empujón, bastante suave, logró meter dos o tres centímetros y paró. Mi amiga profirió un pequeño gritito e hizo un amago de moverse para liberarse pero la sujeté por los hombros dejándola inmóvil. ¿Te hace daño? pregunté acariciándole la mejilla. No. Bueno, sólo un poco al meterla pero ahora ya casi nada. Por favor, dile que vaya con cuidado suplicó ella, aún impresionada pero ya más tranquila. No tuve que decirle nada. Mientras Mónica se agarraba con fuerza a mi mano, Javier inició su movimiento de mete-saca muy despacito. Con cada acometida, un trozo más de polla se hundía en el agujero aún virgen. Ahora Mónica ya no gritaba. Se limitaba a suspirar y gemir cada vez que notaba como la polla de Javier avanzaba un poco más dentro de su estrecho culito. Al cabo de un rato, mientras él seguía follándole el culo a un ritmo muy lento con sumo cuidado y gran delicadeza, yo misma estaba otra vez excitadísima sin poder evitarlo. Seguía tumbada boca arriba junto a ella y empecé de nuevo a acariciarme el clítoris para seguir masturbándome con verdadero ardor. Así, mientras seguía penetrando a mi amiguita por detrás, él podría tener una completa panorámica de mi masturbación que tanto le excita. Sin apartar los dedos de mi sexo, volví a besar a Mónica en la boca y, entre gemidos y jadeos entrecortados, me confirmó que la experiencia la estaba haciendo disfrutar una barbaridad. Javi se agarró con fuerza de las caderas de Mónica con ambas manos. Luego, sin quitarme los ojos de encima, inició una serie de acometidas, aunque todavía delicadas, cada vez más rápidas y profundas en el recién estrenado trasero. Con el fuerte incremento de velocidad y ritmo, ambos empezaron a emitir unos profundos gemidos y jadeos, casi a gritos. Mi propia excitación iba creciendo con la suya. Casi no podía aguantar de gusto. Javi no se perdió detalle de como me separé los labios vaginales y junté tres dedos de la mano derecha para restregármelos por toda la raja y humedecerlos. Mientras seguía penetrando a Mónica cada vez más rápido, no apartó la vista de mí cuando me los inserté de un certero y fuerte empujón en el empapado y vibrante agujero de mi coño que ya estaba pidiendo ser penetrado. Noté su excitación al verme meterlos y sacarlos de mi húmedo agujero con rápida avidez mientras con la palma de la misma mano me acariciaba el clítoris entre gemidos de satisfacción y una expresión de lujuria en mi cara. Por la forma en que se agitaba y gemía cuando me miraba cada vez que hundía su dura polla en el estrecho culito de Mónica, yo sabía que él estaba a punto de correrse. También Mónica parecía a punto del orgasmo porque me agarró con fuerza la mano casi haciéndome daño mientras sudaba, temblaba, jadeaba y gemía con un ritmo cada vez más fuerte. Pensé que sería posible que los tres nos corriéramos a la vez e intenté retrasar el orgasmo de Javier deteniendo mi masturbación hasta que mi amiga estuviera un poco más cerca del éxtasis, pero para él ya no había retorno. Cerró los ojos. Empezó a agitarse con más velocidad dentro del culo de Mónica casi como un poseso. Luego, emitió un largo gemido, le propinó seis o siete violentos empellones a cuál más profundo y descargó su semen en el interior del apretado trasero de mi amiga. Mientras él se lavaba en el cuarto de baño, Mónica se mostró entusiasmada. No había llegado al orgasmo pero reconoció que le había gustado muchísimo aquella experiencia. Admitió que le había encantado y que se había derretido del intenso gusto que había sentido mientras Javier se la follaba por el culo. Dijo que el pequeño dolor del principio no era nada comparado con el placer que provocaba después, que nunca pensó que pudiera ser tan excitante y agradable sentir una polla abrirse paso entre sus nalgas y que aquella deliciosa sensación del semen caliente derramándose dentro de su culo no la había sentido nunca cuando lo hacía "normalmente". Parecía tan encantada y agradecida que me besó con pasión. Al corresponder a su beso, mientras nuestras lenguas se entrelazaban, alargué la mano para juguetear con su sexo que estaba empapado. Cuando acaricié su clítoris, ella se estremeció de gusto y dio un pequeño brinco junto con un profundo suspiro. Recorrí varias veces toda su raja con el dedo de arriba abajo muy lentamente pero, al llegar al agujero de su sexo, lo noté tan empapado y vibrante y tan estrecho, sin penetrar, que no pude resistir la tentación. Y, sin dejar de besarla, le metí un dedo y lo agité unas pocas veces. Ella, que casi no podía aguantarlo, separó su boca de la mía y gimió. Saqué el dedo con brusquedad y la sensación de vacío hizo que profiriera un aullido de protesta. La miré a los ojos y le dije que no fuera egoísta que yo también quería disfrutar. Me sonrió y entreabrió la boca para recibir la mía de nuevo y sentir mi lengua jugueteando con sus labios. Sin decir nada, deslizó su mano entre mis piernas y también me metió un dedo. Pero yo necesitaba más y le dije al oído: ¡No, eso es muy poco! Hazlo así Junté tres dedos y, después de tantear la entrada de su sexo, se los inserté de un solo empujón en su estrecho agujero. Ella suspiró al sentirse llena y cuando empecé a agitarlos con furia de dentro a fuera, balbuceó entre gemidos: Sí, síííí. ¡Ooooooh! ¡Así, asíííí! En cuanto se repuso de la brutal impresión por la enérgica penetración de mis dedos, ella procedió a hacerme lo mismo. Yo misma me separé con la mano libre los labios vaginales para permitirle la entrada. Entonces me invadió la sensación de que sus dedos iban derritiendo el interior de mi sexo a cada acometida de su mano. Seguimos besándonos profundamente con las lenguas entrelazadas mientras nos íbamos penetrando mutuamente la una a la otra con los dedos. Empezamos a temblar y a jadear con lujuria desenfrenada emitiendo largos gemidos de placer. Al abrir los ojos un momento vi que Javier se hallaba en el quicio de la puerta. Estábamos tan abstraídas que ni nos habíamos dado cuenta de que había vuelto a entrar. Sin que Mónica lo viera, me hizo una seña de que continuara como si nada. Entonces nos desacoplamos, la llevé a la cama y la hice tumbarse de espaldas. Me coloqué encima y puse mis tetas a la altura de las de ella para poder acariciárselas con las mías. Noté como sus pezones aún crecían un poco más. Luego, mientras ella permanecía en la misma postura, yo me tumbé también sobre la espalda. Me coloqué de forma que una pierna quedara bajo su culo y la otra sobre su abdomen. Mantuve los labios de mi coño abiertos con la mano derecha y empecé a mover la pelvis para acercarme hacia ella. Cuando nuestros sexos se encontraron en un beso de labios vaginales y rozamiento de clítoris, nos cogimos de ambas manos y empezamos a menearnos en perfecta sincronía adelante y atrás. El delicioso gozo que me invadía mientras nuestros coños se restregaban era super agradable y sufría espasmos de placer muy fuertes. Mónica me respondió abriendo un poco más las piernas para que el contacto fuera total. Sentí unas fuertes palpitaciones reverberando en todo su sexo y noté como fluían los jugos y se unían los suyos con los míos y como los músculos de sus piernas se tensaban para intentar resistir todo el cúmulo de aquellas deliciosas sensaciones que tanto la estaban excitando. Javier se decidió a entrar en la habitación y, sin intervenir, se arrodilló junto a la cama para poder observar desde cerca el intenso frotamiento de nuestros sexos. Al poco tiempo, sentí como los restregones de Mónica se hacían más profundos y como sus manos se agarraban a las mías con mucha más fuerza hasta que se corrió entre temblores, gemidos, sudores y jadeos entrecortados convulsionándose de placer en un orgasmo desmesurado. Mónica siguió frotando para tratar de provocarme el orgasmo. Yo sabía que para correrme por segunda vez necesitaba una buena polla dentro de mí y estaba viendo como Javier se había ido excitando con la escena. Ahora mostraba su miembro de nuevo empalmado, gigantesco, durísimo y pidiendo acción, la misma acción que estaba suplicando mi empapado sexo. Decidí que lo mejor era disfrutar inmediatamente de aquella enormidad de polla que, entre las dos, habíamos provocado. Tras separarme de Mónica, extendí los brazos hacia él para que se acercara y, mientras me besaba el cuello, le susurré, rogándole: ¡Vamos, Javi, fóllame! Quiero que a mí también me la metas, ¿o es que yo no te gusto? Vamos, métemela, que estoy ardiendo de deseo y me muero de ganas. Después de mi infalible petición, me situé a gatas sobre la cama y le ofrecí, descarada y provocativamente, mi culo en pompa al tiempo que le tendía el tubo de crema. Cuando esperaba sentir el frío tacto de la crema en mi trasero, Javier arrojó el tubo al suelo y le dijo a Mónica: Vamos, tienes que humedecerle el culito a tu amiga si no quieres que sufra. Sin pensarlo, Mónica, se sentó tras de mí y empezó a ensalivarme todo el agujero trasero. Su lengua se iba introduciendo con maestría por todos los rincones de mi ano, lubrificándolo con su saliva y arrancándome gemidos de gozo. De repente sentí que ella se detenía y descubrí que estaba humedeciendo la otra pieza del acoplamiento. Se había metido la polla de Javi en la boca y con enormes lametones la estaba preparando para que la penetración fuera lo más suave posible. Yo me derretía de placer y excitación al ver con ansiedad como la lengua de mi amiga iba humedeciendo la polla de mi novio que dentro de un momento iba a encajarse en mi estrecho culito. Cuando Javier creyó oportuno, dirigió su aparato a mi agujero trasero y empezó a penetrarlo. Yo, que estaba más acostumbrada que Mónica al sexo anal, no protesté pese al pequeño dolor inicial. Me limité a suspirar al notar como se abría paso entre mis nalgas. Luego me relajé enseguida y, tras unos hábiles movimientos, tenía toda la longitud su polla embutida dentro de mí. Mónica lanzó una exclamación de admiración al ver con que facilidad había conseguido meterla hasta el final y entonces le hice una seña para que viniera a colocarse debajo de mí. Mientras Javier bombeaba su polla dentro de mi culito y me extraía gemidos de placer y suspiros de ansiedad, Mónica, muy obediente, se deslizó debajo de mí, dirigi&oa |