EL CUMPLEAÑOS
de
Sexy Toni(sexytoni@telefonica.net)
Era un sábado cualquiera de un fin
de semana cualquiera. Lo único que diferenciaba ese
fin de semana del resto es que era su cumpleaños.
Ese fin de semana quise que fuese diferente
a los demás y que lo recordase con agrado, así
que preparé algunos detalles y regalos para agasajarla.
Todo estaba dispuesto. Una habitación
de hotel, cava y fresas… incluso un recorrido de velas
formaba un misterioso pasillo desde la entrada hasta la
cama. Una cama enorme de dos metros por dos metros, bajo
cuya almohada había dejado escondidas unas cintas
y un pañuelo de seda de color negro.
Sin sospechar nada, ella se arregló
para salir y yo hice lo mismo.
Dios, que hermosa es!. Su largo cabello rubio,
sus ojos verdes y esa mirada de ángel que delata
su forma de ser tan tierna me tienen loco desde que la conocí.
Desde aquel instante supe que mi amor por ella no tenía
final, y aún hoy, siento que su alma debe ser mía
por el resto de mis días. Llevamos casados tres años
y todavía me palpita el corazón cuando se
presenta ante mí su preciosa figura como el primer
día que lo hicimos.
Una vez que estábamos listos fuimos
a un restaurante a cenar. Una cena con velas donde no faltaba
un buen vino, y tras la cual, fuimos a tomar unas copas.
La mezcla de las luces, la música y
el alcohol le provocó un estado de ánimo que
la incitaba a bailar de un modo tan sensual que me volvía
loco. Ella lo sabía, y al verme, se acercaba a mí
para rozarme con su cuerpo, a veces tan cerca que besaba
mi cuello mientras rozaba su pecho contra el mío
y me tía su muslo entre mis piernas.
Cuando se volvió para bailar pegada
a mí de espaldas frotando su culo contra mi entrepierna,
yo ya no podía más y le propuse que nos marchásemos.
A lo que ella asintió con la cabeza.
Una vez en el coche, ella advirtió
que no íbamos camino a casa, y ante la situación,
sólo me miraba y sonreía. No preguntó.
Habíamos llegado a un hotel y ya antes
de entrar por la recepción, ella ya intuía
que iba a ser una noche especial, aunque no imaginaba cuánto.
Al abrir la puerta de la habitación,
un leve vistazo a mi alrededor para cerciorarme de que todo
estaba dispuesto (las velas del pasillo encendidas, el cava
enfriándose en hielo, el regalo que tenía
para ella…, y entonces la hice pasar a la habitación.
Ella pasó lentamente por el pasillo
de velas, que junto con la embriaguez provocada por la mezcla
de alcohol, no hizo otra cosa que sumirla en un estado,
mezcla de misterio y excitación que le hacía
preguntarse qué le esperaba en esa habitación.
Una vez frente a la cama fui desabrochándole
lentamente el vestido que llevaba. Un vestido blanco ampliamente
escotado y que por detrás dejaba su preciosa espalda
al aire. Mientras lo desabrochaba, ella, presa de la excitación
miraba al techo, dejando su cuello al descubierto, rendido,
invitando a besarlo, a mordisquearlo, apreciando su textura
sedosa y suave.
Dejé caer el vestido al suelo, y apareció
ante mí una visión impresionante. A la belleza
de su cuerpo se sumaba una cuidada lencería que se
había puesto antes de salir de casa.
Lentamente la dejé caer sobre la cama,
con la lencería puesta, y comencé a besarla,
empezando por los pies para, poco a poco, ir subiendo sin
dejarme un solo poro de su piel por recorrer. Recorrí
sus piernas, sus muslos, sus caderas, su cintura y su vientre,
donde me detuve un rato lamiendo y saboreando su ombligo.
Subí por el canal que se situaba entre sus pechos,
donde comenzaban a notarse unas minúsculas gotas
de sudor con sabor a sexo, y en mi ascenso volví
a toparme con su cuello que, beso a beso me sirvió
de trampolín para mordisquear los lóbulos
de sus orejas.
Cuando su excitación estaba al máximo,
introduje mi mano suavemente bajo la almohada y saqué
las cintas de seda, a lo que ella respondió con una
sonrisa picarona y una mirada cargada de sensualidad.
Con suma suavidad y recorriendo sus brazos
con mis labios, los até a la cabecera de la cama
de tal forma que, al apretar, soltaba suspiros y su cuerpo
temblaba ligeramente por la posesión a la que estaba
siendo sometida. Me aseguré de que no pudiera desatarse,
y una vez atada, con el pañuelo vendé sus
ojos, ya que estaba totalmente decidido a hacerle sentir
sensaciones insospechadas.
Me desnudé por completo y poniendo
mis rodillas a ambos lados de su cuerpo, me coloqué
sobre ella para darle un sensual masaje. Deteniéndome
en cada una de sus curvas la acariciaba, y a medida que
lo hacía, notaba cómo su excitación
crecía, cómo su sexo se humedecía cada
vez más, impregnando la habitación de un olor,
mezcla de sudor y del licor que emanaba por entre sus piernas
mojando sus muslos.
Su cuerpo sudoroso me invitaba a procurarle
algún refrigerio, por lo que, sin pensarlo dos veces,
cogí la botella de cava que se encontraba en la hielera
para regar su cuerpo con el espumoso y fresco líquido.
Lentamente, un pequeño río amarillo corría
por entre sus pechos, bajando hasta su vientre donde su
ombligo comenzó a llenarse de la espuma de cava provocado
por el calor de su cuerpo. Mientras el cava salía
de la botella, el reguero continuaba bajando, haciendo que
su vientre se rebosara y provocando una catarata burbujeante
que chorreaba por su entrepierna, mojándola y embadurnando
su vello y sus muslos.
Me levanté para admirarla en todo su
esplendor. Atada, vendada, empapada en cava y muy excitada
me dispuse a darle su regalo de cumpleaños.
Unos días antes había contactado
con un desconocido en la discoteca una noche para hacer
feliz a mi mujer, pues yo ya había observado que
lo miraba con deseo mientras bailaba sobre el escenario
en tanga.
En este punto apareció el muchacho,
rojo por la excitación, se acercó y suavemente
sus labios se unieron en un largo beso en los brazos de
mi mujer. Ella no había sospechado nada hasta que
sintió que le besaban los brazos, dándose
cuenta que no era yo, porque estaba acariciando el interior
de sus muslos.
No pudo evitar sobresaltarse, por lo que ascendí
hasta su cuello y susurrándole al oído la
invité a calmarse y a relajarse. No ocurriría
nada que ella no quisiera y le pregunté que si prefería
desatarse. Ella se quedó en silencio. Tras unos instantes
dijo que si ella lo pedía en algún momento,
la desataría y nos iríamos, lo que yo ya daba
por supuesto. Sonrió y suspiró fuertemente.
La boca del muchacho, que era un completo
desconocido para ella bajó a su cuello y luego a
sus tetas, mientras sus manos ya no respetaban ninguna parte
de su cuerpo!
Su lengua continuó bajando al ombligo
de ella …. Y mas abajo…, siempre más
abajo ….
El muchacho se puso de rodillas en la cama,
observando cómo yo le quitaba la lencería
que llevaba puesta tan sutilmente que cada caricia de mis
dedos provocaba en ella un escalofrío de excitación
que le entrecortaba la respiración, le secaba los
labios y ella se los humedecía con la lengua.
Me sentía feliz al ver cómo
ella se encontraba como en el paraíso…
Por la pasión casi rompí su sujetador abriéndolo
para acariciar sus excitados pezones. Fue entonces cuando
entre suspiros me pidió que la desatara, pero lejos
de que quisiera abandonar, lo que quería era sentirse
libre para disfrutar del momento. Yo acepté con una
condición. No podía quitarse la venda de los
ojos, lo que a ella le pareció bien.
Una vez desatada, ella comenzó a palpar
la camisa del muchacho, y tras desabrocharla, la abrió
para acariciar su musculoso pecho. El hecho de que fuese
un desconocido sin rostro en su mente, no fue impedimento
para que sus manos bajaran para desabrocharle los pantalones
y se introdujeran en sus calzoncillos para sentir su caliente
y endurecido miembro.
El muchacho era bueno y ella quería
sentirlo mejor:
Se puso de rodillas, acarició el bulto
que empujaba la tela y de un solo golpe bajó sus
calzoncillos dejando aparecer su miembro que, al fin libre,
saltó afuera como un resorte!!!
Sus manos corrieron a sus testículos
llenos a explotar, le dio un beso en el glande y acariciándolo
suavemente me dijo:
Tú tenías razón cielo! Que belleza!
El corazón me late a mil!
Yo, con la voz ronca por la excitación
le contesté:
Continúa tesoro, continúa. Disfruta
del momento.
El morbo era tan grande que abrió la
boca y sus labios se cerraron en torno a este potente palo
chupándolo con avidez!
El muchacho tuvo un sobresalto y después
de unos va y ven con su lengua a lo largo de su asta, su
excitación e inexperiencia no le permitió
controlarse mas y sin preaviso, se corrió enviando
sus múltiples y potentes descargas de leche sobre
su cara y sus tetas!
Se quedó sorprendida porque no esperaba
que acabara tan rápidamente…
El desconocido se excusó por no haber
podido contenerse…. pero ella se había quedado
con ganas…..
Pero, afortunadamente, allá estaba
yo para satisfacerla…
Me levanté de besar y acariciar su
vientre y me puse detrás de ella acariciando sus
pechos llenos de esperma, que unté bien sobre ellos
y su vientre como una crema de belleza diciéndole:
Eres maravillosa!
Ahora voy a enseñar a este muchacho
como se folla a una mujer tan preciosa como tu!
Estando todavía de rodillas, empujé
abajo su espalda para ponerla en posición de "batalla",
comencé a acariciar y besar con pasión su
culo y mis manos llegaron entre sus piernas encontrando
que estaba completamente mojada por sus jugos.
Me dispuse a que el centro de mis caricias
y mis dedos entrasen en su intimidad… sustituidos
poco después por mi caliente lengua!
Esta vez fue ella la que no se pudo controlar
y tuvo un primer orgasmo mientras mi lengua entraba en su
vagina y el muchacho le acariciaba sus duros pezones. Después
de beber todos sus abundantes jugos, me acerqué con
mi miembro erecto introduciéndolo lentamente en su
sexo hambriento diciendo al muchacho que nos estaba mirando:
Mira, esta maravilla de mujer es a la que
yo amo y por eso me gusta verla gozar de esta manera…
Por el morbo de la situación, estas
palabras la excitaron más y empezó a mover
el culo pidiendo darle más y más duro…
hasta que explotó con un segundo incontenible orgasmo
que la hizo gritar de placer!
El muchacho mirando el espectáculo
había recuperado toda su virilidad y con su palo
parado se nos acercó pidiéndole a mi mujer
poder seguir.
La tomó en sus brazos y depositándola
suavemente en la cama se dedicó a besar cada parte
de su cuerpo y a lamer los restos de champán que
brillaba en su cuerpo como diamantes en bruto mientras yo
hacía lo mismo hasta que, después de un rato,
se sintió completamente indefensa y se abandonó
a nuestra propiedad.
En dos segundos, el muchacho se desnudó
completamente y su cabeza bajó desapareciendo entre
sus piernas lamiendo con su lengua el interior de sus muslos
y se introdujo entre los labios de su vagina para llegar
a su endurecido y enrojecido clítoris…
Dios!
Quien dijo que el era un joven inexperto?
Yo estaba en el lado opuesto de la cama besándola
y acariciando sus preciosos pechos mientras de decía
palabras que la excitaban haciéndole desear mas y
mas sexo… entonces, mientras yo le abría y
sostenía las piernas en alto para que lo recibiera
mejor en su vientre, ella, ya completamente alocada por
la situación dijo:
Ahora ven… métemela dentro y
hazme gozar!
El muchacho no se hizo de rogar, y con su
verga en la mano la dirigió a la entrada de su sexo
introduciéndola lentamente y profundamente hasta
llegar al fondo!
Mientras jadeaba, confesaba que se sentía
abierta y poseída… sentía sus testículos
que golpeaban sus nalgas y cuando sus movimientos de vaivén
subieron de intensidad, agarró mi mano diciéndome:
Dios… Amor mío…
Estoy en el cielo! Nunca me había sentido
igual! Siento a otro hombre dentro, pero eres tú!
El morbo y la pasión le había